La Habana modela, sirve y come hamburguesas en un falso McDonald, toma helados de nombres raros, brinca con la mala música, le da vueltas a una ceiba, retumban las aldabas de una iglesia, se baña en el malecón, escupe cruceros y camina noctámbula. Amanece, se maquilla las ojeras y sigue con lo suyo.