cartel de los interaños

Por Raúl Escalona Abella, estudiante de tercer año de Periodismo.

“¡Bótate Sany!”, gritaron, como si no hubiera un mañana, desde el público. Era la coreografía final de los interaños. Y Sany se “botó”; y no solo ella, sino también lo hicieron durante todo el espectáculo Amanda Fernández (1ro de CS), el grupo Ser, Pedro, (1ro CS), Andy Jorge Blanco (4to Periodismo), que cada año canta mejor, y todos los bailarines que dejaron sudor, zapatillas y una impresionante capacidad para entrenar desde un mes antes.

La profe Aline, del Grupo de Comunicación Institucional, casi llegó a odiar el cuasi cotidiano “me voyyyyyyyy…” de Cimafunk, pero valió la pena, porque los bailadores feconianos estuvieron espectaculares. Bátanse las palmas para Daniel de la Osa (4to CI), como líder de ese grupo extraordinario que honra a esta Facultad.

No debe pasarse por alto a Jesús y Laura (1ro de Periodismo), que vinieron seriamente a ofrecernos su corazón y a decirnos, con la canción de Fito Páez, que no todo está perdido.

Los interaños dejan una estela de satisfacción en muchos rostros, esa fue la impresión dada por varios muchachos de primero, claro, eran de primero. El noventa por ciento de los que allí estuvimos – quizás más – cursaban su primer año de estudios. Estaban allí por curiosidad. Cuando uno está en primero quiere comerse a la facultad y cruza a nado la bahía si hay que hacerlo.

De igual modo que apreciamos el interés de los neófitos feconianos, sentimos la ausencia de los más viejos, y duele un poco ver esa distancia porque la casa se compone de todos, de los que creen y los que no; y si todos no se sienten parte de este movimiento, debemos pensar por qué.

Decir solo loas no es el espíritu del periodismo, aunque algunos quieran reducirlo a ello, y debemos hablar también de los desaciertos de estos interaños. No auguraba una buena conducción el inicio casi de feria dado al espectáculo. Sería imposible afirmar que las conductoras, a pesar de haberlo intentado dignamente, hayan llegado a compenetrarse con el público como para inspirar el ambiente cálido de universidad que Fcom en ocasiones necesita.

Es cierto que un poco de apoyo técnico hubiera ayudado, eso hubiese evitado los diplomas caídos al suelo; así como que se les hubiese extendido el guion con mayor antelación hubiera permitido mejores y elaboradas interpretaciones. Pero no podemos hacer teoría de lo que debió ser.

Anunciados para la 5 en punto, el show comenzó a las 5 y 40 min, salvando todo lo sucedido la semana pasada y el cambio de local a última hora, cosas que nos trascienden, denotamos que una óptima previsión de lo que debía suceder ayer, falló.  Las unidades artísticas tuvieron la mayoría gran calidad, pero fueron pocas. En mi experiencia de dos años, la presentación no duró nunca menos de 1 hora y media; los de este curso solo duraron cincuenta minutos.

¿Qué pasa en Fcom? Muchos expresan su preocupación de la falta de convocatoria para participar en las actividades culturales, deportivas, investigativas y políticas. No auguro con esto la caída de nuestro dominio de la Copa, ni el preámbulo de la debacle cultural feconiana, no hay que ser catastrofistas, pero sí creo que no debemos sentirnos satisfechos con lo que hasta ahora hemos sido.

Hace unos días, “La Marea”, publicación que sacan las muchachas y muchachos de la Comisión de Deportes, se quejaban del generalizado desinterés por los Pre-Caribes, no solo en la participación, sino en el apoyo a los atletas. Pudiera parecer distante este comentario, cuando vengo hablando de la cultura y de los interaños, pero no lo es tanto.

Los muchachos del deporte sienten del resto la apatía, la lejanía y la frialdad; así como también lo sienten los espacios de debate y, cada vez en mayor medida, los espacios de manifestación artística.

Sería prudente preguntarse cuántos estudiantes visitan las Cafeteras que organiza la FEU; cuántos se quedan para las peñas “Atrapando espacios”. Si en estos años la matrícula ha aumentado tan desproporcionadamente, ¿cuánto ha aumentado la participación de estudiantes en proyectos? Si somos más que antes, ¿cómo nos va a costar trabajo hacer cosas nuevas? Si aumentan las mentes, ¿cómo es que no aumentan las ideas, las manos y los cuerpos con deseos de hacer? La respuesta es compleja: los intereses son otros.

Puede que nuestra crisis se inserte en un fenómeno de mayor hondura a nivel de Universidad y de país, pero en nuestro entorno tiene sus características. Quizás el éxito nos ha viciado y nos hace viciar a los nuevos que entran. Tradicionalmente la Copa de Cultura se ha visto como el acontecimiento cimero del año, quizás lo sea, pero su éxito no puede ser visto ya más como el triunfo de un secretariado o de un presidente (a). La Copa es de todos, y si la Facultad (profesores y estudiantes) no se implica no lograremos nada.

Necesitamos retarnos. Revitalizar los movimientos estudiantiles con metas ambiciosas y transgresoras. No temerle a lo novedoso. Estamos urgidos de un pensamiento crítico que levante la morbidez intelectual, el desapasionamiento y la letanía. Hay que desacralizar la idea de que “esto no lo cambia nadie” porque creer eso es el comienzo de que, efectivamente, nada cambie. Decía Martí: “De vez en cuando es necesario sacudir el mundo para que podrido caiga a tierra”.

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