Llegué tarde y era mi primer concierto de Silvio. Al final, en la paz mojada del fin de la tormenta, entendí por qué aún permanecemos bajo las lluvias de lo imposible; comprendí el calor del bien del que hablaba Martí y vi, impávido, la luz cautiva en las gotas finales que corrían por la fachada de la Casa (de las Américas), bañándola, regenerándola, y haciéndola sentir desde ese día con más razones para seguir creando.