Antochas 2018

por Raúl Escalona Abella, estudiante de segundo año de periodismo.

Fotos: Dario Gabriel Sánchez

Aquel grito me paralizó, no esperaba que nadie se emocionara tanto al ver a otra persona, pero allí estaban abrazadas aquellas dos muchachas. Luego yo mismo me encontré con un socio de la Cujae, y todos con los que me cruzaba estaban eufóricos por haber encontrado a alguien querido en el pasado (amistad o pareja) y ahora compartían, con una única mirada, infinidad de recuerdos.

Entonces pensé en aquella gran marcha como encuentro, no solo con el pasado remoto donde unos jóvenes, miles de veces más osados que nosotros, se lanzaron a derribar a un tirano llevando en las manos la moral y la ética pisoteadas del Apóstol; sino también con el de estos nuevos jóvenes, que pronto no lo serán más.

La situación se repetía casi igual una y otra vez así subiera o bajara por la escalinata: abrazos, gritería, chucho y las risas que volaban con el único nombre de felicidad. En fin, veía la fiesta infinita y solemne de una juventud que asiste cada año a esa continuación escalonada de la calle San Lázaro para recordar a Martí, a su buena y divertida manera.

Los nuevos códigos deben llegar a todos, instruyendo, explicando, creando las razones vivas que hagan alzarnos en el vuelo del pensar. Las palabras deben ser aliciente para las multitudes, verdad para los que creen y arma de destrucción mortal de los enemigos de la idea pura. Sobran las arengas donde la masa culta invita a la oratoria profunda, está de más quien convoca y no explica, grita y no exclama; esos, empequeñecen a la Patria, la manchan de dolores y le arrebatan las virtudes al intentar hablar en su nombre; esos, deben ser desoídos por el pueblo y apartados de la idea, para que esta se salve.

El fuego calienta, ha sido el impulso del desarrollo humano; también quema, destruye y arrasa, pero no eran antorchas inquisitoriales las que se encendieron en la víspera del natalicio de Pepe, eran antorchas-vida, luz del pensamiento, al menos lo vi así, como mismo vi aquella bandada de aves de fuego que voló por sobre los cientos de latas y se posó en la multitud, en cada uno de los que allí estuvimos y nos acompañó en el trayecto: aleteando con fuerza en cada ráfaga de viento o transmutándose en humo para luego regresar a la antorcha.

La imagen es bella, cientos de llamas que bajan, sierpe prendida que desciende por San Lázaro, dobla hacia la izquierda en Infanta y a la derecha en 25 hasta llegar a la Fragua Martiana, donde la máxima dirección de la República depositó, en nombre de nuestro pueblo, una ofrenda floral al Martí de Teodoro.

Al final descienden las banderas, que son como antorchas tricolores porque calientan el alma. Al apagar mi diminuta llama me preguntocómo sentir la marcha, ¿acaso allí radica la esperanza patria? Lo creo, sé que es difícil, pero tenemos que buscar hondo para hallar las verdades sinceras, las causas justas, las ideas matrices; hemos de salvar con los verdaderos salvadores y no con los apóstatas. «(…) en las grandezas de la patria y de sus hijos, no es mentira decir que se siente crecer el corazón (…)» dijo aquel que nació un 28 de enero de 1853, y creo que la vía está allí, en esas acciones que hagan a los cubanos dignos alzarse y hacer crecer su corazón, viendo cómo su obra hace ascender en virtud y riqueza a la patria

Imágenes de la Marcha

image

 

image

 

image

 

image

 

image