Mañana de septiembre de 2017. La Habana no parece La Habana. Más bien parece un espejismo de sí misma. Las olas chocan con el muro del Malecón como si quisieran tumbarlo, y a su alrededor cada rincón del alegre Vedado se convierte en un pequeño desastre entre agua y objetos arrastrados por el viento.