Por Raúl Escalona Abella, estudiante de segundo año de periodismo.
¿A dónde irá la trova, y por qué cuando la escuchamos viajamos al mundo donde las guitarras gobiernan y los tronos son rimas sonrientes? El cronista lo desconoce, pero vivió el viaje en la tarde de ayer en nuestra peña “Atrapando espacios”, gracias a la voz, el humor y la música de Frank Delgado.
El invitado llegó temprano. Su eterna onda hippie, marcada por los pies al aire, estaba interrumpida por unos tenis que alguna vez fueron blancos. El pelo: largo y menos rubio cada día. La barba: eterna. Y claro, no podía faltar la gorra.
Rompe el hielo y sin medias tintas nos inundó de buena trova, música tradicional y mezclas fascinantes que solo un conocedor de nuestras melodías podría hacer.
Sonaron los acordes, y más tarde arrancó: “Cuando se vaya la luz mi negra…”. Todos cantamos, esta sí nos la sabemos. A pesar del tiempo pasado, Frank es joven todavía, porque joven será siempre quien cante para los jóvenes. Habla de amores con faroles, de blues que llegan antes que vuelva la luz, y todos nos divertimos; río con la letra que conozco muy bien, y sé que la risa expresa comunión de mentes y pensamientos.
Nuevas canciones de su reciente disco “Más” se suceden, y las carcajadas aprietan el espacio cuando suena la singular letra protagonizada por un búfalo y la moringa oleífera.
No tarda el homenaje al amigo de siempre, al que ya no está, del que solo queda el recuerdo y la amistad marchita por la ausencia; y en honor a Santiago Feliú canta “La rueda de la fortuna”.
También recordó Frank a Daniel Viglietti, cantor uruguayo recientemente fallecido.
Un interludio. Canta el trovador Silvio Alejandro, quien regaló a los feconianos presentes tres de sus canciones que hablaban de gatos que comían mouses, de piedras de un mismo río y de amores altos y poderosos.
Está de vuelta. Nadie se cansa de aplaudirle, ni de pedirle: “¡La otra orilla!”, gritan de atrás, “¡Cuando te vi!”, una en el frente, “¡utopías!”, y en ese momento llegó Harry Potter, y la gente cantó, saboreó y disfrutó la canción como solo expertos en magia cubana pueden hacer.
Le siguió “Cuando te vi”, que cantamos todos, y el que no cantó, rio y tarareó. Y no hubo llantos en las esquinas de los jardines, sino risas constantes en toda la cafetería de la facultad. Y no había niños rebeldes con ínfulas de dirigentes, sino cientistas, comunicadores y periodistas alzando la voz y proclamando la vida bohemia en esplendor.
Siguió aquella que habla de cubanos de baja intensidad, de largas colas en embajadas y de salvadoras restricciones que “entraña” el patriotismo.
Frank Delgado colmó la Facultad, y creo que un poco también él quedó satisfecho con los presentes, pues tras cada estribillo completado del lado de acá, una sonrisa tranquila y alegre le llenaba el rostro.
Una vez más, el espacio nos atrapó, y nos sentimos atrapados, pues con Frank la vida es un acontecimiento, una canción que marea y el que no se la sabe, la tararea.
Imágenes de la Peña (El resto de las instantáneas están disponibles en nuestra Galería)





