pruebas de aptitud de periodismo

Por Laura Serguera Lio, estudiante de primer año de Periodismo. Fotos: Albo Javier Peña, Estudiante de 3er año de Comunicación Social

Hay días, entre tantos que no dejan huellas, que permanecen marcados indelebles en el recuerdo. Incluso cuando los almanaques se deshojan y los detalles pierden nitidez, su esencia, su ánima, continúa grabada en ese raro misterio que hemos dado en llamar memoria.

Para mí, los detalles se escapan e impiden afirmar con precisión la fecha exacta, el número que el azar quiso que funcionara durante casi doce horas como mi segundo nombre o dónde estaban las manecillas del reloj en el momento en que, entre agotada y triunfante, di el día por concluido. No importa. Otras pinceladas, acaso más sutiles, son inolvidables.

Del otro lado se vive diferente. Pero todo el tempo se siente en la boca el sabor a las reminiscencias y no se envidia para nada al que está ahí ahora, sometiendo a prueba su destino, su futuro; mas no dejan de recordarse oportunamente instantes imborrables y acaso algunos de los que ya pasaron por eso dejan que las emociones se les reflejen en los ojos.

Este sábado llegaron al menos cuatrocientas personas llenas de sueños casi tangibles a FCOM. Doscientas una se presentaron a las Pruebas de Aptitud para estudiar Periodismo, otras tantas las acompañaban en sus anhelos. La familia, los amigos de los examinados, viven casi con igual intensidad la experiencia y devienen en fin parte imprescindible del proceso.

Antes de las 8:30 de la mañana la mayoría estaba aquí. Pero, como siempre, el claustro de profesores y una decena de alumnos recibieron a esa hora a todos los que aguardaban a la entrada de la Facultad. Para algunos, los más afortunados, hasta la noche no volvería a contar su nombre.

El proceso es el mismo cada año y la soltura que otorga la costumbre se nota cuando despojan de todo lo considerado identificativo a los aspirantes y los convierten en un número… un número que, por momentos, cuando no escuchen entre los primeros de las listas de aprobados, odiarán; y que luego volverán a llevar con orgullo, a fin de cuentas, una vez dicho, sitúa entre aquellos privilegiados que avanzan a la siguiente fase.

El test de cultura general es el primero de los tres exámenes a vencer. El que más personas elimina. El que más asusta. Una hora que para algunos va volando y para otros se hace eterna. Pero esa es la hora más rápida. La espera difícil es la que sigue, la que antecede a las notas.

 

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Primera fase, prueba de Cultura General

 

11:30 de la mañana, llegan los resultados y el mar de rostros que durante dos horas ha corrido hacia al frente ante la mínima sospecha ahora está demudado. Las emociones compiten. Unos gritan, otros lloran. Por instantes se torna difícil comprender quién expresa felicidad y quién tristeza; pero los victoriosos terminan siendo reconocibles. Enarbolan la cifra que los representa, abrazan a sus padres, se sobreponen a la tensión y avanzan complacidos. Noventa y ocho personas están un paso más cerca.

Es entonces el turno de la redacción y con ella se acrecientan las dudas. Más de dos horas transcurren hasta que regresa el profesor Miguel Ernesto Masjuan, jefe del Departamento de Periodismo y figura que ya la totalidad de los presentes asocia con el clímax de la tarde.

 

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Anuncio de los números de los estudiantes aprobados y que, por tanto, continuaban en evaluación.

 

De nada vale que digan que los resultados han sido positivos, que en los exámenes se ha demostrado gran creatividad. La masa expectante se alegra, deja escapar algún suspiro de alivio, mas no es eso lo que quiere escuchar.

Vuelve otra vez la odisea de los dígitos que se resisten a ser mencionados. Y esta vez el llanto no espera al final y los gritos son más altos. La satisfacción es casi completa para quienes llaman, el desasosiego hace presa de aquellos que estando tan cerca no pudieron tocar la meta con las manos. Veintiséis sueños se han hecho añicos, avanzan 72.

 

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Instantes capatados una vez confirmados los números de los estudiantes que pasaban a la 3ra fase

 

Finalmente, la entrevista. De uno en uno los miembros del grupo que queda, ya mucho más pequeño que el del comienzo, se someten a un tribunal dispuesto a determinar si realmente merecen estar ahí. Para algunos, conversación casi humorística, para otros, interrogatorio; la última prueba concluye y nadie escapa al cansancio.

Los resultados pueden tardar todavía meses en llegar, pero sin dudas este día inolvidable solo puede convencer más a los aspirantes de que quieren ser periodista.

Otras imágenes de la jornada.

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