Por Yaleidis Delgado Vargas
Son las dos de la tarde, miércoles, 23 de octubre. Esta es mi primera entrevista. Ando nerviosa, pero él, mi entrevistado parece más calmado que nunca, dispuesto a responder cualquiera de mis preguntas, como si me conociera de toda la vida.
Tomamos asiento, coge mi hoja, la lee, y entablamos una conversación que fue más allá de lo que me había propuesto hacer. En un principio pensé que lo estaba importunando, el profesor Emilio Antonio Barreto Ramírez no quitaba la mano de su cara y su voz tan bajita y desganada me hacía pensar que lo estaba haciendo muy mal.
A medida que pasó el tiempo y fue respondiendo a cada una de mis preguntas en un tono tan pasivo, pero a la vez tan certero y firme, advertí que esa persona maravillosa a la que entrevisté era así; tan calmado que asustaba…
¿Qué lo motivó a estudiar periodismo?
Viniendo de una familia muy dada al consumo de las bellas artes yo hubiese estudiado cuando era un adolescente cualquier carrera de humanidades, más específicamente estaba debatiéndome entre Historia del Arte y Periodismo.
Tengo un origen con una especie de código genético relacionado con el periodismo, mi abuelo lo era. De él tengo muy buenos recuerdos, aunque solo lo viví por seis años –seis años muy intensos– logró convertirme desde muy chiquito en un consumidor de cultura, y sin poder entender; lo que tenía que ver con la política internacional.
Recuerdo que veíamos juntos el noticiero y me decía “mira este es amigo mío”. Se trataba de José Luis Gómez Wangüemert, quien era periodista especializado en política internacional, el de mayor arraigo en la esfera pública cubana y exdirector del periódico El Mundo. A los cinco años ya conocía todos los cines de la Habana, mi abuelo me llevaba casi a diario.
No termino el preuniversitario, hay un alto ahí, lo concluyo en Facultad Obrera. Me fui a estudiar a lo que hoy es el ISDI y me gradúo de técnico medio en diseño gráfico. Empiezo a trabajar en el Ministerio de Cultura en un periódico: Cartelera. Entonces era suplemento de revolución y cultura.
Tiene que haber sido que el encuentro y la relación mía con intelectuales periodistas. Por ejemplo, el primer editor que conocí de prensa, fue el novelista Senel Paz, quien se debatía entre el Periodismo la Literatura y el Cine –una especie de fuego cruzado que lo divertía mucho y del que yo me fui fijando. La búsqueda de noticia, de información y sobre todo el paso del Periodismo a la Literatura, definitivamente tuvieron que haber mediado mi vocación.
Decido presentarme al examen de oposición en La Universidad de La Habana para el curso por encuentro en la carrera de Periodismo, este fue un curso absolutamente de autogestión y me costó dos años adaptarme a ese régimen. Desde la fecha no hago otra cosa que repetirles a mis estudiantes que el encuentro con la facultad no es un encuentro es un encontronazo.
¿Por qué trabaja como profesor de Comunicación Social siendo graduado de Periodismo?
Ejercí el periodismo durante 23 años. Pero hay un punto intermedio en el cual yo decido cambiar mi vida. Sentía que llegaba el momento en el que me desentendiera de lo informativo y me dedicara a la opinión que me producía un gran interés.
Entonces escribí un reportaje más. El último reportaje al estar escrito en clave de periodismo literario. Me enrolé en un grupo de alcohólicos anónimos –yo que no soy bebedor. Después de estar seis meses sin escribir una línea, solo instruyéndome en el tema y ganándome su confianza decidieron aceparme en la junta donde me dicen que iban hacer lo más honestas y transparentes posibles conmigo. Escribí un reportaje de trece cuartillas, lo publiqué en una revista de la iglesia católica “Palabra Nueva” y ahí sentí que clausuraba mi etapa como periodista informativo y me convertía decididamente en un columnista. ¿Por qué? Porque a esas alturas de mi vida yo entendía y todavía entiendo que el periodismo es una profesión promocional, es decir lo que un periodista hace en una etapa, después es bueno que no lo haga porque le toca hacerlo a otra generación más nueva.
Así llegue a la conclusión de que el periodista tiene tres momentos, el primero ubicado de los 20 a los 25 años donde hace todo lo que le mandan, es necesario aprender hacer coberturas, aprender a preguntar en caliente, aprender a como se va enhebrando en la cabeza un lead para la noticia. Entre los 35 y los 50 que es cuando el periodista hace lo que le manda un poco lo que le conviene y lo que le gusta y una tercera etapa que es a los 50 años donde el periodista hace lo que le da la gana, y lo que le da la gana, es la columna. A mí me llega más temprano esa decisión –a los 40. Había invertido mucho tiempo en mi vida a ser editor de revistas a revisar trabajos de otras personas y ya comenzaba a sentir que se estaba haciendo aburrida y tediosa.
Cuando pasé a la universidad como docente en el Instituto Internacional de Teología a distancia que hoy es Félix Varela. Impartía un diplomado de medios de Comunicación Social formado por metodólogos de la Universidad Pontificia de Comillas y tenía entonces estudiantes de aquí en un curso de verano, ellos me decían: “profe usted nos tiene que dar clase a nosotros”.
A mí me apetecía mucho la idea, la veía como algo que podía ser muy interesante y en algún momento me pasó por la cabeza el que fuese mi trabajo a tiempo completo. Lo único que yo extraño es no poder hacer el periodismo del que ya te había hablado.
Me formo bien en filosofía trabajando en la iglesia, ya que en la iglesia o hablas de filosofía o no sabes nada. Precisaba algunos rudimentos en teología, en doctrina social de la iglesia, sociología, pensamiento social contemporáneo para así poder hacer culturologia y cuando llego a aquí, llego para impartir docencia en cedes municipales universitarias en Teoría de Comunicación.
Desde entonces en la facultad ha investigado, participado en proyectos, sobre este último punto: ¿en qué consiste el proyecto Transmaking?
Transmaking es un proyecto de la Unión Europea que está muy vinculada al Ministerio de Cultura de la República de Francia, facilita movilidad de profesores e investigadores cuyo objeto de estudio analice prácticas culturales y artísticas en un momento determinado.
Dice Varela en el Habanero que “hay un grupo de mulatos y negros libertos que no son ilustrados pero que tienen muy buen gusto y se hacen notar porque crean objetos que embellecen la vida”. Eso me llamó la atención y elaboré un proyecto para Transmaking que fue aprobado, basado en intercambios entre las universidades que ellos han visualizado y la institución
¿Cómo ha sido la relación con sus alumnos a lo largo de su trabajo como profesor?
Lo mejor que yo tengo es la relación con mis alumnos absolutamente abierta de solidaridad y cercanía –es camaradería– yo les doy entrada y los estudiantes me la dan a mí.
¿Cómo ha sido su paso por la Facultad?
Mi paso por la facultad ha sido muy bueno. De una fuerza que yo llamaría motriz y sobre todo de muy buen talante, augurio. Me siento cómodo "¿qué sucede?" el periodismo es una industria en cualquiera de sus medios de comunicion y cualquiera de sus soportes de comunicion. Aquello que es industrial, llega el momento en que se torna tedioso y entonces yo estaba necesitando un cambio en mi vida y el cambio era la Academia. Esta te permite hacer una labor que está mucho más allá del tedio.