ESTRUCTURA DEL ESTADO

por Raúl Escalona Abella, estudiante de tercer año de Periodismo

Las naciones se construyen sobre la base del equilibrio de las fuerzas naturales que las componen. Cuba entra, con el amplio debate del Proyecto de Constitución, en la edificación de una sociedad que debe plantearse el gran reto de fraguar un sistema social que responda a los reclamos históricos de las clases más humildes del país, aquellas que hicieron la Revolución y han sido la fuerza motriz de su prevalencia durante más de medio siglo; aquellas que precisan del equilibrio y la justicia; aquellas que necesitan no solo los recursos materiales para vivir con dignidad, sino también ser uncidos al decoro y al virtuosismo de la vida plena de los hombres y mujeres de bien.

Aspirar a ello entraña un compromiso profundo de los gobernantes con los gobernados y viceversa. Por ello queremos poner énfasis en la estructura del Estado que el Proyecto de Constitución propone.

El Estado: personificación del pueblo

El texto de la Carta Magna en proyecto dedica tres títulos a la estructura del Estado desde el nivel de la nación hasta la organización en los diversos territorios.

Claro queda que el órgano supremo del poder del Estado, como bien referencia el artículo 97, es la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). Ella elige a los miembros del Consejo de Estado, a su Presidente, Vicepresidente y Secretario, y al Presidente y Vicepresidente de la República. Solo este cuerpo puede legislar y realizar transformaciones a la Constitución de la República. Sus funciones van hasta la elección o designación, a propuesta del Presidente de la República de las posiciones elementales de las instituciones de administración y control de los recursos del país.

La Asamblea se coloca como institución cimera del Estado, solo superada por el Partido Comunista de Cuba que, según expresa el artículo 5, constituye fuerza superior de la sociedad y el Estado.

Debido a que la Asamblea Nacional del Poder Popular no puede permanecer reunida todo el año, elige a su Consejo de Estado, cuya presidencia coincidirá con la del órgano legislativo, y tendrá la función de tomar decisiones en nombre del cuerpo legislador hasta que la próxima sesión plenaria de este las valide o revoque.

La presidencia y vicepresidencia de la República, aspecto novedoso del Proyecto de Constitución dotan al país de un Jefe de Estado que tendrá facultades, como bien refiere el artículo 123, para proponer a la Asamblea Nacional la elección o designación del Primer Ministro, del presidente del Tribunal Supremo Popular, del Fiscal General de la República, del Contralor General de la República, del Presidente del Consejo Nacional Electoral, de los miembros del Consejo de  Ministros y de los gobernadores provinciales.

El capítulo IV del título VI se dedica a los componentes, funciones y límites del Gobierno de la República que encabeza el Primer Ministro y se expresa en el Consejo de Ministros, que constantemente deberá rendir cuentas de su actividad administrativa al Presidente de la República y a la ANPP en sus distintas comisiones de trabajo. El Consejo de Ministros tiene como instancia superior un Comité Ejecutivo integrado por el Primer Ministro, los viceprimeros ministros y demás miembros que el Presidente de la República determine. Este comité tomará las decisiones medulares en los períodos en que no esté reunido el Consejo de Ministros en pleno.

Al Consejo de Ministros o a su Comité Ejecutivo corresponderá ejecutar lo acordado por la ANPP, proyectar los planes anuales y los de desarrollo económico-social del Estado. Además, poseerá la potestad de dirigir y controlar el comercio exterior y la inversión extranjera.

Referente a la justicia el texto plantea en su artículo 144: “La función de impartir justicia dimana del pueblo y es ejercida a nombre de este por el Tribunal Supremo Popular y los demás tribunales que la ley instituye […]”. Los tribunales se crean con independencia funcional de cualquier otro órgano estatal. El control fundamental de la investigación penal y el ejercicio de la acción penal pública en representación del Estado, así como velar por el estricto cumplimiento de la Constitución y las leyes recae en la Fiscalía General de la República.

Al coro de las instituciones de control sobre la gestión administrativa se suma la Contraloría General de la República, órgano del Estado con independencia de cualquier órgano local que se subordina solo al Presidente de la República y rinde cuantas de su gestión a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Según expresa el Título VII en su artículo 161, en el territorio nacional el Estado se estructura en provincias y municipios, así como la ley también podrá determinar la formación de otras divisiones y atribuir regímenes de subordinación administrativa y sistemas de regulación especiales a municipios u otras demarcaciones territoriales atendiendo a su ubicación geográfica o importancia económica y social.

El Gobierno Provincial se organiza como nivel intermedio entre el Gobierno de la República y el municipio. Estará compuesto por un Gobernador y un Consejo Provincial. El Gobernador es designado por la ANPP a propuesta del Presidente de la República y presidirá un Consejo Provincial formado por los presidentes de las asambleas locales del Poder Popular correspondientes, los intendentes “y demás miembros que determine la ley”.

La presidencia de este consejo ejercida por el Gobernador no poseerá un carácter electivo. El Gobernador no es elegido por el pueblo de la provincia, ni por el Consejo, sino que, como ya decíamos, y expresa el artículo 170, será designado por la ANPP a propuesta del Presidente de la República. ¿Acaso no entra esta disposición en franca contradicción con el inciso a) del artículo 96 donde se expresa que “todos los órganos representativos del poder del Estado son electivos y renovables”? Claro que este principio de la democracia socialista dice “electivos y renovables”, no especifica quienes deben elegir y renovar, de hecho, ni deja la apertura al eufemística “la ley determina la forma… etc.” que el texto posee en cada rincón. Entonces yo pregunto al etéreo interlocutor de mis páginas: ¿Está siendo contemplado el Gobernador como un representante del Estado (me refiero a las instancias superiores del mismo) ante el pueblo, o como representante del pueblo ante las estructuras superiores del Estado? El artículo 169 lo acuña como representante del Estado en su territorio. Entonces conviene la pregunta: ¿cómo se construye el Estado cubano de esta nueva Constitución? ¿Qué es el Estado para este tabloide de treinta páginas? ¿Un aparato para controlar al pueblo o la construcción que el pueblo, o una parte mayoritaria de este, realiza para dar orden a su vida y garantizar su prosperidad?

No daremos respuesta aún. Continuaremos describiendo la estructura del Estado en los territorios. Novedoso es también en este texto que en los municipios se separen las funciones de la Asamblea Municipal, como órgano representativo-popular; y las funciones ejecutivo-administrativas, concentradas en la Administración Municipal, que se compone de un Consejo de la Administración que es elegido por la Asamblea Municipal y le rinde cuentas de su gestión a esta. El Consejo de la Administración es presidido por el Intendente. La Asamblea del municipio se compone de los delegados de las circunscripciones previstas por la ley según la proporción poblacional y estas se agrupan en Consejos Populares, nada muy distante de como funciona ahora.

El artículo 195 hace una ampliación de garantías locales interesantes que potencian el trabajo del gobierno en los municipios, garantías como: la convocatoria a consulta popular a asuntos de interés local, la información a los ciudadanos de las decisiones adoptadas por los órganos del Poder Popular, entre otras que se pueden leer en el texto referido.

Visor Marxista

Hablando sobre el tema del Estado con una buena amiga, le comentaba de cómo los teóricos más renombrados del marxismo habían tratado la cuestión y para concluir el tema con una aseveración seria, le decía: “llegar al socialismo sin abolir las estructuras sociales del capitalismo es como querer lavar ropa usando una bicicleta y encima molestarse porque la bicicleta, luego de varios intentos, no nos sirva para lo que queremos”.

El Preámbulo del Proyecto afirma la guía del ideario y el ejemplo de Martí y Fidel, y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin. Entonces podemos inferir que el texto posee cierta inclinación a la martianidad y al marxismo. Así que fuimos al pensamiento marxista para adentrarnos de lleno en la respuesta de las preguntas que dejábamos colgadas en el subtítulo anterior y que merecen una comprometida contestación.

“El Estado es producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables”, escribió Lenin en los meses previos a la Revolución de Octubre, de 1917, en un folleto extraordinario que tituló pomposamente “El Estado y la Revolución”.

El Estado solo existe si existen clases sociales que necesitan mediación o sumisión de su contraria en el antagonismo que se libra a nivel social y político, pero que casi siempre se trata de reflejar como de orden meramente económico.

Vale ahora reeditar la pregunta: ¿Cómo el Proyecto de Constitución construye el Estado cubano? Si se le permite al autor hacer una observación, en primera instancia, está el orden en que se colocan los títulos, capítulos y artículos que hacen referencia a la estructura del Estado. El comienzo es la posición más alta (en la jerarquía política claro) que va descendiendo hasta la más “baja”, cosa que a mi modesto entender sobre un Estado Socialista, encuentro contradictorio, ya que este nuevo tipo de Estado que niega dialécticamente a la democracia burguesa, potencia el papel del pueblo, de las masas en la construcción de la sociedad, por lo que sujetos a esta lógica martiana (Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar) y marxista; la estructuración del estado debe comenzar de su sustento: el pueblo soberano, las masas oprimidas que conquistaron el poder en la lucha revolucionaria.

El Estado socialista obtiene y ejerce su poder en y desde las masas, debe canalizar su poder en la representatividad no solo parlamentaria, sino también general, donde cada individuo es encarnación del Estado, arrebatándole el monopolio de la decisión a los burócratas, eliminando la figura abstracta del “Estado” como ente separado del pueblo, y convirtiéndola en conducción conjunta y participante de todos.

“En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), esta función puede ser realizada directamente por la mayoría, y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del Poder estatal, tanto menor es la necesidad de dicho Poder”, sigue Lenin en el texto citado.

El líder ruso hablaba que esta era la vía para la extinción del Estado, no sé hoy hasta qué punto es viable esto, pero de lo que no cabe dudas es que la democratización y la flexibilización en los puntos de acceso a la toma de decisiones en la vida cotidiana no puede tender a disminuir, sino todo lo contrario, tiene que ser cada vez mayor, porque la gente se educa en el poder teniéndolo, no con simbolismos característicos de la democracia burguesa, sino con verdadera capacidad para transformar efectivamente su vida.

Creo que está claro para quiénes debe construirse el Estado cubano de nuevo tipo. Está claro que quienes aún necesitan la Revolución no como retórica perdida en lagunas fatídicas del pensamiento revolucionario actual, sino como hecho tangible en su vida son aquellos que tienen necesidad de transformar su realidad adversa y requieren que la sociedad le otorgue las oportunidades para, con el trabajo de la mente y el cuerpo, emerger de la penuria. Si tenemos claro que como decía Marx, y Lenin cita en “El Estado y la Revolución”: “el estado es un órgano de dominación de clase”; no podemos perder de vista qué clase domina hoy en Cuba, y cómo se construye ese Estado para hacer prevalecer sus intereses.

La democratización progresiva es posible. En 1917 Lenin en el texto mencionado refería: “para destruir el Estado es necesario convertir las funciones de la administración pública en operaciones de control y registro tan sencillas, que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda ella, después”. ¿No será esto posible a partir del avance de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación? ¿Acaso es imposible naturalizar mediante la conciencia y la cultura las funciones de gobernar, de participar en la construcción de las políticas? ¿Qué necesitamos? ¿Menos abismos sociales? ¿Más compromiso en los sectores intelectuales? ¿Un Estado que se construya de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo?

Tal vez solo necesitemos hacer un viaje a la semilla para preguntarnos por qué estamos aquí y qué estamos salvando. En un brillante artículo, aparecido en L´Ordine Nuovo de 28 de junio a 5 de julio de 1919, que tituló “El Estado y el socialismo”, Antonio Gramsci definió:

“Para la revolución son necesarios hombres de mente sobria, hombres que no dejen sin pan las panaderías, que hagan marchar los trenes, que surtan las fábricas con materias primas y consigan cambiar los productos industriales por productos agrícolas, que aseguren la integridad y la libertad personal contra las agresiones de los malhechores, que hagan funcionar el complejo de servicios sociales y no reduzcan al pueblo a la desesperación y a la demencial matanza interna. El entusiasmo verbal y la fraseología desenfrenada hacen reír (o llorar) cuando uno solo de esos problemas tiene que ser resuelto, aunque sólo sea en una aldea de cien habitantes”.

Las mentes ebrias nos podrán confundir por algunos segundos, pero la claridad debe predominar, las preguntas necesarias jamás deben ser omitidas o calladas. La revolución espera aún, y el socialismo jamás se detiene, ya lo decía Lenin: “lo importante es aclararse a sí mismo cuán infinitamente falaz es la idea burguesa corriente que presenta al socialismo como algo muerto, rígido e inmutable, cuando, en realidad, solo con el socialismo comienza un movimiento rápido y auténtico de progreso en todos los aspectos de la vida social e individual, un movimiento verdaderamente de masas, en el que toma parte la mayoría de la población, primero, y la población entera, después”. Lo que niegue el movimiento y la dialéctica materialista, no es socialismo por muy rojo que vista y por muy alto que cante la Internacional Comunista.

Y así, con la mente puesta en la fórmula del amor triunfante que es “con todos y para el bien de todos”, con el trabajo de expandir la obra y llegar a cada uno de los rincones; llegaremos al día en que cada cubano podrá decir con pleno orgullo aquello que se le atribuye al rey francés Lui XIV: “El Estado soy yo”.