Copa de Cultura

Por: Patricia Hernández Acevedo, estudiante de Periodismo

Fotos: Ernesto Arturovich

FCOM podría cumplir este año sus 16 copas, y todos quieren ser testigos. Apenas las dos de la tarde, y las escaleras con aspecto de hormiguero auguraban una función a teatro lleno.

Persiguiendo ese sueño se lanzó FCOM a la búsqueda de sus antepasados, de la esencia de su cubanía, de su ADN.

Entre el indio “entreguista” y la dama de la colonia se colaban las canciones de Amanda Camejo, fichada desde el pasado festival como una de las joyitas de la cultura en la pequeña casita de San Pedro y Ermita; la guitarra de Pedro y las coreografías del Duo Franter las gemelas– o la dupla compuesta por Leslie y Camila, veteranas ya sobre las tablas del Aníbal Ponce. Y luego, luego de descubrir con rabia al abuelo que resultó ser lacayo de Batista, encendían el escenario el Aguanile de FCOM Dance y los fuertes pasos de Carpe Diem.

En su búsqueda de esa cubanía, de la que no reniega, esa que grita a los cuatro vientos, FCOM viajó en el tiempo con aquellas gafas que en inicio no captaban bien la señal de la 3G, pero que una vez solucionado –previa activación del modo avión y demás métodos ya conocidos–, la llevó a conocerse más a sí misma.

Daulis y Amanda

Como suele sucederle a esta pueril facultad amante del arte hasta los huesos, las butacas del mítico teatro de la facultad de Psicología no daban abasto para la cantidad de espectadores prestos a disfrutar de la última puesta en escena de este ciclo, justo antes de conocer los números que representarán a cada facultad en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional.

Los visitantes llegaban de todas partes, como suele suceder. El entusiasmo llenaba la calurosa sala, porque si hay algo en lo que a FCOM nadie le gana, es cuando de hacernos sentir se trata, cuando hay que apoyar a los nuestros.

La veta humorística que caracteriza las presentaciones de esta “República independiente” –como algunos insisten en llamarnos– se lució con ingeniosas alusiones a cuanto atañe a esta sociedad de la que formamos parte y con fraternales menciones a nuestros colegas de otras facultades y a nosotros mismos.

danza afrocubana

Los rostros familiares en estas andadas, –Hayne, Susana, Daniel, Eduardo– nos condujeron por el camino del chiste agudo y la interpretación audaz de papeles caricaturescos, pero con seriedad; o de nuestro locutor estrella, Andy Jorge, que también hace vibrar a los espectadores –y quien dice vibrar también dice cantar y bailar– con su voz que, esta vez, “nos lo dijo todo cantando”.

La usual malagueña de Leslie no se hizo esperar, y el dúo sorpresa de Chabely y Gustavo, un exalumno, llenó de motivos asiáticos y colores rojos el escenario.

Un rock-and-roll al estilo de los años 50 habaneros llenó cada rincón del teatro, y las máscaras de Carpe Diem dotaron de un halo misterioso los últimos minutos del espectáculo.

Pero, sin duda, el mejor número fue ese que salió de la espontaneidad de los feconianos, de aquella coreografía que no estaba planificada y del aplauso prolongado del final, al que se unía el nombre de esta facultad, coreado por cada uno de sus integrantes. El mejor, fue el que mostró el orgullo feconiano que está dispuesto un año más a llevarse la Copa a su rincón de San Pedro, para que engrose la lista de trofeos del lobby.

Leslie y camila

Una vez más las vigilias nocturnas y las manchas de pintura se vieron recompensadas con las risas y los aplausos de feconianos y foráneos, de los profesores.

En la búsqueda de su ADN, ella pudo ver la realidad, pero mirando hacia adelante, porque nos parecemos más a nuestros tiempos que a nuestros padres, porque la cubanía está en nosotros, en cada uno de nosotros, y en lo que hagamos por defenderla.

Con luces y sombras FCOM, esta vez con su ADN, busca no romper lo que ya es una tradición y agenciarse la ansiada copa, para entonces sí, poder celebrar sus 16.

Danza FCOM