Crónica sobre recuerdos de FCOM

Por Mónica Delgado Abascal, estudiante de 2do año de Periodismo

Foto de portada: Esteban Martínez Baniela

«¡Atención! China alerta el descubrimiento de un nuevo virus que podría convertirse en pandemia», escuché aquel día por la noche en Telesur. No pude dormir. Toda madrugada pensando, recordando.

Recuerdo ver a nuestros compañeros vietnamitas usar nasobuco en la guagua. ¡Nos parecía tan exagerado! Incluso después las miradas penetrantes con aquellos cubanos que lo usaban al inicio de todo. “El inicio”, que raro se me hace nombrarlo tras ya 18 meses en esto.

Recuerdo a las porteras de la facultad con un pomo de litro y medio, lleno de hipoclorito. Ya no pregutaban por el carné de FCOM. Solo importaba llevar el olor a cloro en las manos.

Recuerdo la abstinencia de algunos a los besos y abrazos. El correr al baño para lavarnos y así comer el apetitoso sándwich de El Karli.

Recuerdo entrar a la cafetería. Saludar a los conocidos. A veces muchos, a veces pocos. Sentarme con los amigos y robarle a Roxi el tenedor con un pedazo de pollo; sin miedo a contagiarme.

Recuerdo moverme ágilmente al estudio de radio con Lau para hablar sobre las grabaciones del día. Bolsas en hombro y subir al turno. ¿A cuál?... Lo importante era subir.

Recuerdo también las discusiones del equipo en el lobby del Decanato. O las redacciones de última hora en la biblioteca.

Estudiantes en la cafetería de FCOM

Recuerdo las danzas en la cafetería, los ensayos de la obra de teatro frente a la pecera (Grupo de Comunicación) y los cantoríos en cualquier rincón. Todos, en movimiento por el Festival de Cultura. Porque esta vez la Copa sería nuestra. ¡Este año sí!

Recuerdo los partidos de fútbol por el televisor de la entrada y los chicos en disputas por equipos extranjeros. Las lágrimas, cuando perdimos el partido decisivo de beisbol para clasificar a los Caribe.

Recuerdo las miradas incómodas ante una ofensa, las miradas cómplices después de una fiesta... las miradas de amores imposibles.

Recuerdo los regaños de los profes por nuestra gritería en el aula. Las lecturas de Boris, Gaby, Daniela. Las aglomeraciones para copiar los documentos. Extrañaré esas “luchas”.

Recuerdo el “hasta pronto” del último día. Ingenuos, pensamos que sería breve la separación.

Recuerdo la incertidumbre de abrazarnos o no. Solo un tiempo para nosotros, pero en vez de comienzo, en un terrible final.

Recuerdo meses en pausa. Horas de ansiedad. Conversaciones sin sentido por WhatsApp, en espera de que fuera lo mismo. Necesidad de roces. Necesidad de olvido.

Recuerdo, por primera vez, un curso en línea completamente, experimento de estudiantes y profesores. Nuevos estilos que ya nunca se irán...

Hoy, regreso con memorias, esas y otras. Con amistades sólidas. Con un amor sincero, especial, único, ¿merecido?

Llego de nuevo, FCOM. ¡Agresiva no, agresivísima!, como tu más fiel vikinga. Con la fuerza necesaria para cambiar todo lo que deba ser cambiado. Con tanto cariño acumulado, para dar.

Y luego despierto. No puede suceder lo mismo. Simplemente, extraño.