estudiantes en la fragua

Por: Arlette Gay López, estudiante de primer año de Periodismo.

Si preguntaran, diría que la Fragua Martiana tiene esa extraordinaria cualidad de traer la historia a nuestros días. Diría que es, sin lugar a dudas, un lugar que todos deberíamos visitar al menos una vez en la vida.

Frente a la mirada fija de un Martí pensativo, una trabajadora del actual museo nos dio una breve explicación sobre la construcción y fundación del emblemático lugar. Tras escuchar las palabras del presidente del Movimiento Juvenil Martiano, Raúl Escalona, comenzamos el recorrido por unas de las salas del museo. Observamos entre otras cosas el busto del entrañable amigo de Martí, Manuel Mercado, la fotografía de Fermín Valdez Domínguez y la estatua en miniatura del Héroe Nacional en el presidio. Pero fueron los dientes y reliquias de los ocho estudiantes de medicina lo que más llamó la atención de los que visitaban el sagrado sitio por primera vez.

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Salimos al jardín y encontramos  la estatua en tamaño real del joven José Martí en sus años de presidio. Bromeamos al percatarnos que a su corta edad, era más alto que uno de nuestros compañeros, y vimos además un par de tarjas que mostraban los rostros de los padres del Apóstol. Luego, volvimos al rincón martiano para finalizar nuestra visita con una foto grupal para inmortalizar nuestro paso.

 Así nos despedimos del más universal de los hijos de Cuba, al observar su figura en la piedra y pensar cómo se sintió cuando a sus 16 años, entre heridas físicas y morales escribió:

“Mírame madre, y por tu amor no llores

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas

Tu mártir corazón llene de espinas

Piensa que nacen entre espinas flores”.