Hace al menos una hora que no escucho el ruido de las sirenas. Hace aún más que no llueve, ni oigo el viento batiendo contra las persianas. Sí un ruido sordo, extraño, feo; que se confunde con las teclas que cada vez suenan menos, porque también hay menos gente a quien preguntar qué pasa, a quien preguntar si están bien el/ella y los suyos.