Por Dailene Dovale de la Cruz, estudiante 4to año de Periodismo
Una frase repetida mil veces no se vuelve realidad. Lástima, sino todos los jóvenes cubanos fuéramos como el Che. En ese tema pienso mientras arriban al salón de conferencia estudiantes de primero y tercer año de la facultad, muchos cargados de estrés por una prueba reciente, algunos pocos sin saber a cabalidad qué harían allí y otros tantos que estaban porque una cafetera así tan cargada de política y comunicación, con un toque fuerte de Ernesto Guevara, no se rechaza.
Y la infusión estuvo buena desde los primeros ingredientes. La entrada a la cocción la dio Raúl Escalona Abella con una cita al “Socialismo y el hombre en Cuba”, donde Guevara llama a ensanchar el campo de la cultura y la posibilidad de expresión para impedir a tiempo la creación en masa de asalariados dóciles al pensamiento oficial.
Aunque polémico ese era solo el comienzo del recorrido. Daína Rodríguez González, investigadora del Centro de Estudios Che Guevara nos cuenta sobre las incursiones del Che en la comunicación, aún en los casos donde ni el mismo se sabe comunicador, pertenece a esta muestra el Cuaderno filosófico, escrito para saciar las necesidades informativas de sus amigos.

Con su voz suave pero fuerte y alta para que el público no se distrajera demasiado, ella comenta de cuando Ernesto escribía en Tachle, Revista de Rugby y la manera tan genial de convertir un diario en crónicas de viaje.
Y así conocimos de su trabajo temporal como reportero para un agencia de prensa latinoamericanas, de algunos de sus textos como Machu Pichu: enimga de Piedra en América; de la importancia otorgada a la guerra propagandística, en momentos de contienda; los periódicos creados a lo largo del país en la lucha revolucionaria donde El cubano libre y Patria y de Radio Rebelde donde su voz alcanzó a aquellos que no podían acceder a un periódico.
En el auditorio los ánimos se alborotan un rato. La invitada prosigue. Relata cómo surge “La Cabaña Libre” durante su estancia como máximo jefe en esa fortaleza o cómo en cada tarea encomendada sería acompañado de un órgano de difusión o de la revista Verde Olivo, fundada por él y donde poseía secciones fijas. El Che no solo era uno de los héroes más fotogénicos, además le interesaba los artificios de quién está detrás de cámaras.
Daína Rodríguez va más allá. Dice que quiere provocarnos. Lo intenta, cuenta de las rendiciones de cuenta del Che frente a la prensa y el pueblo y de las numerosas iniciativas para mantener informados sobre su gestión a la ciudadanía.
Para cerrar nos reta aún más al decir que una idea sin trasmitir, es una idea muerta. O cuando ante una pregunta igual de provocadora responde con un llamado a la verdad y la adquisición de conciencia respecto a la labor educativa de la comunicación.
Pero no le basta, nos recuerda la necesidad de poseer coherencia en el discurso y en el accionar, para que la palabra no pierda para siempre su efecto y la necesidad urgente de estudiar la práctica revolucionaria de Ernesto Guevara en su forma propia de retroalimentarse con el criterio de la gente.
Una anécdota capta un pasaje no tan conocido del Che, en sus funciones de ministro de industrias encuentra en la página de un periódico una caricatura muy crítica hacia un refresco que se producía en la isla, tras lo cual llama al caricaturista, comprueba la mala calidad del producto y cierra la fábrica.
Aunque Rodríguez aclara, tampoco podemos traerlo a la actualidad de forma acrítica sin pensar en que no observó cambios como la llegada de internet o la caída del campo socialista en Europa del Este, por ello es tan crucial estudiar hombre a quien llaman teórico de la praxis.
Ya al final, cuando ella creía haber terminado de provocarnos, le pregunto por cuánto nos podría ayudar el pensamiento del Che a los estudiantes de Periodismo, Comunicación Social y Ciencias de la Información, y ella con plena sonrisa me devuelve la pregunta: de qué manera ustedes como comunicadores pueden ayudar a que se conozca el pensamiento del Che para que no solo sea conocida su faceta como dirigente, político sino también su concepción del mundo, su forma de pensar y su interés en la comunicación y la prensa.
También entre sonrisas confirma que el Che es un gran ejemplo a seguir como ser humano, como padre, dirigente pero también en la forma de comunicarse desde la dirigencia hacia el pueblo y viceversa. Él no solo era un emisor importante de la comunicación. Él también era un receptor, y uno muy bueno, al saber escuchar a su realidad y su pueblo.
Al terminar la tarde con el último sorbo de la cafetera en la mente, considero que el brebaje fue todo un éxito, al menos ocasionó un mayor interés entorno al ingrediente fundamental de la mezcla, el Che.

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