Por Raúl Escalona Abella, estudiante de cuarto año de Periodismo.
No sé cómo lo había logrado, pero de pronto tenía sobre sus palabras la atención meridiana de casi el noventa por ciento de toda el aula. Era un destello de luz. Desconozco si era por la gravedad de la voz, o por su posición estratégica en el centro del aula, pero la atención estaba ahí y en sus miradas expectantes era visible la espera de quien va a escuchar algo importante. Habló pausado, evitando confusiones, con la mayor precisión de que disponían sus ideas exaltadas en ese momento por tanta tensión. Miraba en derredor, de izquierda a derecha, para captar la atención de todos, y creo que lo estaba logrando hasta que en su discursillo de cinco minutos apareció una frase que había pensado días atrás: “esto lo hacemos para fortalecer la estructura política de la organización”. El tiempo en que todo cambió no fue tiempo, fue solo una exhalación de proporciones mínimas, y aun así el giro fue radical.
Luego, se precipitó la debacle.
Al regarse por toda el aula la sonoridad esdrujuliza de “política” los rostros comenzaron a cambiar, lo que era una atención de rutina y para nada emocionante se transformó en labios contraídos, en frentes arrugadas, en caras verdes y sonrisas camufladas en muecas ridículas que esperaban el momento por emerger en toda su plenitud. El orador al instante percibió el cambio de auditorio, le intrigó que no había dicho nada extraordinario, y fue entonces cuando la vio.
Era la marca inconfundible, acusadora, lancinante. Posada en el entrecejo contraído de aquella muchacha rubia; quieta, con indiferencia proverbial me ignoraba sin pudor, desechaba mis palabras y con el dedo acusador de su pensamiento lo señalaba perentoriamente y sentenciaba para la vergüenza de todos los oradores en el mundo: esto es muela política.
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Esto hace que uno de cierta forma se pregunte: ¿qué hay de malo en la expresión de marras? Nada, en la frase per sé no hay nada de malo, son los diálogos intertextuales que ella desata lo que se convierte en una bala incrustada en el cerebro de cualquier oyente. Años de malas prácticas en el ejercicio de lo político en nuestro país han generado este tipo de rechazo cuasi-automático al uno referirse a este tipo de ideas. Pero, ¿toda política es muela? No, solo la mala la política, la que se fundamenta en globos propagandísticos obsoletos, y lejos de buscar una transformación real para el beneficio de todos, busca sostener prebendas individuales con un burdo disfraz de populismo y de trascendencia histórica.
Cuando desechamos toda noción o actitud política con tal de desaparecer “la muela política” hacemos como la ignorante partera que botando el agua sucia de la palangana lanzaba a los aires al niño recién nacido.
Hace unos meses una estudiante se acercó al secretariado de la FEU, casi a la altura del final del curso, porque un profesor la llevaba a mundial por tener una serie de ausencias que estaban justificadas, etc… yo le pregunté si en su brigada lo sabía el presidente y si la brigada había tomado parte en el asunto con el profesor guía, o algo. Nada. La muchacha fue a mundial. Esto me llevó a pensar que la FEU no solo debe ejercitar su importante capital simbólico, sino que tiene en sus manos una verdadera acumulación de poder en el estudiantado, porque la FEU sigue siendo una organización estudiantil política, su naturaleza es primigeniamente de defensa del estudiante, y solo puede defenderse si está en correcta organización. Los ejemplos pueden ser cientos de cómo asumir la organización como un aparato democrático y generador de consenso puede poner en jaque a quienes violentan a veces los derechos del estudiantado.
En varias ocasiones he escuchado a nuestro decano Raúl Garcés referirse a un proyecto que para él estaría articulado en tres pasos: el primero la formación de sujetos políticos, el segundo en que cada sujeto político debe generar un plan que solucione un problema y que entre en coherencia con la serie individuo/Facultad/Universidad/país, y por último un tercer paso orientado a crear el espacio de libertad que permita el desarrollo de ese plan.
Generar esquemas de participación amplios es la voluntad de nuestra Facultad no solo como centro de expansión del conocimiento y de investigación de problemáticas sociales, sino también como referente en el ejercicio de prácticas políticas que trasciendan la muela. Permitir que la desconfianza y la apolitización se expandan es ser coherentes con la muela política y no atajarla. La formación de sujetos políticos comienza allí cuando en vez de la mirada burlona que con dedo recto acusa a un supuesto “muelero”, se ilumina el rostro escéptico, la mano optimista y el corazón esperanzado se alían para salir a construir un mundo diferente, quizás hasta nuevo. Quizás sea utópico y hasta aburrido, o quizás esto también suene a muela, pero si no nos articulamos en pequeñas comunidades, si no decidimos entre todos las cosas que nos implican a todos y no defendemos hasta las últimas consecuencias al último miembro del grupo; si nuestras mentes no piensan en el colectivo y la organización es un trampolín para el triunfo propio y no para el servicio público, entonces, y solo entonces debemos ser al menos sinceros y preguntarnos en la soledad del silencio: ¿qué nos hace comunistas?