copa de cultura

Por: María Karla González Mir y Raul Escalona, estudiantes de segundo año de Periodismo

“Fcom es cultura”. Así reza una de las más extendidas sentencias del imaginario de la Universidad de La Habana (UH); y es que nosotros, los feconianos, pronunciamos esa corta frase cuando se nos reprocha un lugar de reposada tranquilidad en el fondo de la tabla de los Juegos Caribe. Y aún más se exacerba esta consigna cuando llegamos al paroxismo cultural del año: el Festival de la Facultad.

Ha comenzado la cuenta regresiva. A menos de 24 horas de celebrarse el Festival de Cultura, la facultad se ha quedado pequeña ante el talento, la dedicación y el compromiso de tantos jóvenes que, aún hoy, se suman al movimiento cultural en FCOM.

Y es que en esta época del año, el tiempo parece detenerse. Bailarines, cantantes, actores y otros artistas –sí, porque nuestra sede de por sí es una artista nata-, buscan la perfección en sus movimientos, en cada nota, en cada paso.

Ningún lugar es malo para ensayar. Hemos visto a los lobbys, aulas, e incluso a algún que otro rinconcito de la facultad, convertirse en el espacio –si no idóneo- por lo menos adecuado para crear y crecer.

En esta ocasión, casi 20 números apuestan por presentarse al concurso, aunque solo algunos competirán por la Copa. El guion está terminado, y la escenografía preparándose. Solo resta ultimar detalles para reventar, una vez más, el teatro Aníbal Ponce de la facultad de Psicología.

Cerca de 200 materiales -entre audiovisuales, fotografías, artes plásticas, literatura y tesis de los recién egresados- fueron entregados a Extensión Universitaria como parte de la competición, destacándonos entre otras facultades. Ello demuestra que el Festival no es resultado de la labor de unos días, sino un acontecimiento que obra desde el inicio del curso.

Para nosotros ganar la Copa no es un simple hecho. Vamos en busca de nuestra decimoquinta, y la máxima es sencilla: “la Copa o la vida”.

Objetivamente... ¿Cómo se gana la copa?

Puede pensarse que este acontecimiento resulta la magna celebración, el non plus ultra definitivo para triunfar, para aplastar con nuestro talento, organización y grandeza al resto de las facultades; incluso podemos creer que esa será la definición de la Copa de Cultura, aquella que representa la pasión y el único canje por ella en esta facultad es la vida propia. Podemos creer todo esto, pero estaríamos equivocados.

El proyecto Copa de Cultura, creado en el año 1998 de conjunto con el Movimiento de Artistas Aficionados de la UH, está diseñado en su última actualización (2016 – 2017) para mantener a los estudiantes de todas las facultades en constante actividad cultural durante todo el curso. No se define por un único evento, al contrario, es un crisol de actividades diversas.

Amplio es el arcoíris cultural que desata esta competencia, pero para organizar y medir con precisión el trabajo de cada facultad, la comisión evaluadora se rige por cuatro parámetros generales: Ciclo de Festivales, Proyectos, Actividades Culturales y trabajo de la Comisión de Cultura.

Fiesta del arte

El Ciclo de Festivales comienza en el primer semestre de cada curso con la organización de los interaños de cultura, cuya realización es fundamental como paso previo del movimiento artístico de cada carrera frente a la conformación del Festival de Base, donde se debe trazar una temática que atraviese todo el espectáculo, de estos se seleccionan los conjuntos que conformarán la gala de la Universidad de La Habana y de allí nuevamente serán evaluados para continuar o no hacia el festival provincial y nacional.

No podemos pensar que esto es materia del trabajo de la FEU o del Movimiento de Artistas Aficionados exclusivamente, la participación y disciplina de los que asistimos a cada show es importante contando incluso en la evaluación final de la facultad.

Un peso importante posee la presentación de creaciones literarias como la poesía, la décima (se exige presentar un cuaderno con un mínimo de 5), el cuento para adultos y niños, la novela, el testimonio, el ensayo y la obra de teatro; también las es posible presentar trabajos de artes plásticas como pinturas, cerámicas, grabados, dibujos, artesanías, esculturas, fotografías, caricaturas, instalaciones, performance, arte digital y carteles;  el espectro es amplio y llega hasta el teatro aceptándose la obra dramática, el monólogo, la declamación, la narración oral, el sketch de humor, el espectáculo unipersonal, incluso la pantomima. Sorprendentes modalidades se abren en el arte circense con la magia, los malabares, la acrobacia y el contorsionismo.

Los campos artísticos poseen un espectro muy amplio y alcanzan materias en las que Fcom se acomoda de manera más natural tal y como es el audiovisual, donde se puede concursar con documentales, historias de ficción, ya sean cortos o largometrajes, animados, videos clip, video arte y mensajes de bien público. Todo esto además de la música, la danza y una categoría especial de locución que evaluará a los presentadores de las galas de los festivales de base.

Más allá de la Colina

Extender la acción transformadora de la Universidad hacia la vida social en su conjunto constituye el propósito del segundo parámetro general de la Copa: los proyectos. En la nueva actualización de las reglamentaciones de la Copa de Cultura los proyectos se clasifican en dos sub-parámetros: culturales y comunitarios.

Los Proyectos Culturales son aquellas actividades de carácter artístico, literario, promocional de la ciencia o de la profesión que se realizan de manera sistemática en las facultades con el propósito de impactar en una realidad determinada. Los comunitarios se definen como actividades destinadas a cambiar situaciones de vida, hábitos de salud y prácticas en general de una comunidad; pueden tener carácter cultural, pero se distinguirían de los anteriores por su propósito de transformación social.

Activar la participación

Como increíble madeja de artístico hilar, las actividades que organiza la UH (centrales) y estimulan la competencia entre las facultades, se distribuyen por todo el curso y son de peso a la hora de definir la Copa. El triunfo y la participación en el Festival Culinario, la Feria de la Innovación, el Festival de Otoño, el IDEARTE, el Festival Universitario del Libro y la Lectura, el Día de los Derechos Humanos o cualquier otro evento convocado por la Dirección Extensión Universitaria UH, acumula puntos para el escalafón.

Cuentan también las actividades aisladas que cada facultad organiza, por ello es medular el impulso real de cada facultad. Todo ello puntúa acumulativamente.

“La Copa es todo el año y casi siempre suele identificarse solo con los interaños y la gala, pero la Copa son todas las actividades que organizamos en el curso, así como las que organiza la Universidad. No se trata tampoco de participar porque “hay que ganar” sino de participar a conciencia, por diversión y por el espíritu de hacer cosas todos juntos, como feconianos”, así expresó Joana Villafranca, jefa de la Comisión de Cultura de la Facultad de Comunicación.

Trabajar como relojes suizos

El último parámetro que mide la comisión evaluadora es curioso, se refiere al trabajo de la Comisión de Cultura de cada facultad en sí mismo, o sea, en este apartado se evalúan aspectos como la integración que mide las colaboraciones artísticas inter-facultades, la vinculación de estudiantes con instituciones mediante proyectos y la participación de unidades artísticas en otros festivales.

Aporta también en este aspecto la difusión y divulgación cultural, ya sea en páginas de Facebook, murales informativos o sitios web, todos con un carácter sistemático y constantemente actualizado.

Por último, el escalafón también cuenta con la entrega de los planes de trabajo mensuales, los informes de actividades de cada mes y la asistencia a las reuniones de la Comisión de Cultura de la UH de los responsables de cada facultad.

La Copa de Cultura constituye un proceso de un año, que abarca todo el ámbito de participación cultural de los estudiantes, que incluye no solo las manifestaciones artísticas, sino los proyectos de extensión universitaria, así como la organización de los jefes de cultura a lo interno de cada facultad. Es decir, la Copa no es vida por un día, es ebullición constante de todo un año.

Crear, amar y divertirse

Tanto positivismo puede ser nocivo. Basar el funcionamiento de la Copa en el solo hecho de hacer cada cosa para puntuar puede estar acompañado de la muerte del espíritu mismo de la competencia que más allá de dar prestigio y diversión a la facultad que resulta vencedora, debe ser el espacio donde los estudiantes hallen el lugar de sus deseos de crear, de hacer cosas nuevas, originales, diferentes cada vez. Donde cada mente ponga su sello y se vea refulgir el aire joven de cada creación.

No puede convertirse la Copa en un acontecimiento meramente competitivo, sino también de diversión, donde concurran la genialidad, el talento y el humor, para que, en sabia y refrescante mezcla triunfe lo único posible: la satisfacción de haber creado.