Por Laura Serguera Lio y Mario Ernesto Almeida Bacallao
Muy parecida a las que abundan por las márgenes del río Cauto, en el oriente del país, resulta la enigmática roca que custodia las cenizas del eterno Comandante en Jefe, en el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
Desde el pasado cuatro de diciembre –apenas un año–, cuando fueron depositados allí los restos de Fidel, dicha piedra ha representado destino y punto de interés para más de un millón de personas. Hombres y mujeres que han peregrinado, desde cualquier sitio de Cuba o inimaginables latitudes del mundo, solo para admirar, por pocos minutos, un nombre, cinco letras grabadas en la placa que se impregna a la minimalista tumba.

Significativa resulta la comparecencia registrada de una alta cifra de personalidades mundiales en tan estrecho lapso; tal magnetismo desprende este paraje.
Si hablamos de renombrados frente a la piedra, es menester comenzar con algunos incondicionales de Latinoamérica, casi los primeros –digamos– en pasar meditabundos y dejar su flor. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela; Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, exmandatarios brasileños; Evo Morales, de Bolivia; Daniel Ortega, de Nicaragua…
Notables visitas significaron, igualmente, otras como el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, la activista política Piedad Córdoba, el primer ministro de la República del Congo, Clément Mouamba, el presidente de la República Árabe Saharaui, Brahim Ghali, el presidente de la República Gabonesa, Ali Bongo Ondimba, la embajadora del Reino de los Países Bajos en La Habana Alexandra Valkenburg, el embajador de la Federación Rusa en Cuba, Mikhail Kamynin y el fiscal general de Vietnam, Le Minh Tri.
En los últimos días, el periodista Ignacio Ramonet y el líder independentista boricua, Oscar López Rivera, también honraron ese camposanto con su presencia. Vale aclarar que no solo han comparecido personajes de la política; el astro del fútbol Diego Armando Maradona y el actor norteamericano Danny Glover, resultan evidencia de ello.
No obstante, la visita más importante que, hasta el momento, ha recibido el Comandante, luego de su deceso, es la de su pueblo amoroso y agradecido que, anónimo, llega en olas día tras día. Esas flores, las de ese pueblo, lo mantienen con vida.
¿Por qué una roca?
La gran piedra pulida de granito que guarece las cenizas no aparece como un ícono aislado; a su alrededor, crecen califas moradas, helechos y palmas. Estos símbolos son autóctonos y, como tal, representan en su conjunto a la Sierra Maestra; grupo montañoso de Cuba donde la generación del Centenario, encabezada precisamente por Fidel, fraguó las batallas decisivas y experiencias determinantes que marcaron el rumbo de la Revolución.
Ahí, muy cerca de sus hermanos caídos el 26 de julio de 1953, de Mariana, del Apóstol, de Carlos Manuel, de Frank… el sempiterno guía espera, paciente, al próximo peregrino para, con lo efímero de un minuto de silencio, quizás, cambiarle la vida.
