D

Por: Kevin Soto Perdomo, estudiante de primer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.
Rostros de todas las edades cubiertos por mascarillas, gente aislada, el miedo a salir, la importancia sumamente vital de la higiene, millones de muertes por todo el mundo, hospitales colapsados. El 2020 parece una película apocalíptica y sí, del tema se ha hablado demasiado, pero cada vez que analizo todo lo vivido durante estos meses no me deja de impresionar cómo las personas resistieron y resisten la COVID-19.
Las circunstancias parecían alejar a las personas, sin embargo, ocurrió todo lo contrario.  Es verdad que hubo indisciplinados y personas sin noción de la gravedad del asunto, pero hubo otros tantos que ayudaron de la manera más noble a enfrentar esta pandemia: jóvenes universitarios y profesionales de voluntarios en los hospitales y centros de aislamiento, quienes entraron en las zonas más peligrosas para ayudar. El trabajo realizado por las distintas facultades y universidades del país. Personas dispuestas a llevarle comida y medicamentos a los de la tercera edad. Las atenciones a los enfermos y sospechosos en los centros de aislamiento. La labor de los médicos cubanos en Italia y Andorra. Y la disciplina de cada uno de los ciudadanos conscientes, la cual es una de las armas más necesarias para enfrentar la pandemia.
Ahora la situación parece ir mejorando. Poco a poco todo va volviendo a su lugar y el engranaje de lo cotidiano comienza a reanudar su movimiento, pero las personas se cuidan desinfectándose las manos constantemente y las mascarillas se prenden todavía de nuestras orejas como recordatorio de un peligro acechante del cual todavía no nos hemos podido librar.  
Veo a la COVID-19 como una forma más que tiene la naturaleza de recordarnos lo fácil que puede deshacerse de nosotros los humanos, los seres más contaminantes sobre la faz de la Tierra, y ese mensaje tal vez no nos llegó a todos, pero sí al menos nos dio una lección de humanidad.

Laboratorio