Cuando un grupo de jóvenes, antorcha en mano y escudados tras un cartel antidictadura, bajaba la escalinata universitaria habanera el 27 de enero de 1953, difícilmente se imaginaban que estarían iniciando una de las tradiciones de la era pos 1959. Solo se sabía que realizaban un homenaje a Martí en la víspera del centenario de su nacimiento.

Y lo hacían a pesar de habérsele sido prohibido. El gobierno había negado la autorización a toda actividad que no estuviera dentro del plan de palabras perceptiblemente huecas y ofrendas florales que se dispondrían frente a la estatua del héroe en el Parque Central. Incluso más: el domingo 25 de enero, Batista le robaba la idea al entonces presidente de la FEU de la Universidad de La Habana, Álvaro Barba, de celebrar la semana martiana. Y, dentro de ella, excluía todas las iniciativas que la organización estudiantil había preparado para realizar fuera de sus muros, incluyendo el Maratón Martiano y la publicación de los folletos con cien pensamientos del Apóstol sobre la libertad y la democracia.

Sin embargo, a uno de los organizadores del Congreso Martiano se le ocurrió la idea de la marcha con antorchas: Alfredo Guevara. Y todos aceptaron con una condición: se incrustarían clavos en las antorchas para no enfrentarse totalmente desarmados a una posible represión policial.

Al entrarse en San Lázaro — y antes de seguir por Humboldt hacia la Fragua Martiana— el grupo creció. De decenas a cientos, sobre todo gracias a los residentes de las cercanías y a un grupo de egresados entre los que estaba quien dirigiría, seis meses después, la toma del segundo cuartel militar más importante en el país: Fidel Castro.

No obstante, no toda la prensa se hizo eco del acontecimiento.De las publicaciones más relevantes, el conservador Diario de la Marina sólo le dedicaría unas líneas al desfile que los estudiantes hicieran en la tarde del 28, hacia el Parque Central, en forma de convocatoria de la Juventud Ortodoxa. En cambio, Bohemia lo reseñaría brevemente, en su histórica sección En Cuba. Y apuntaría más: increíblemente, la Marcha de las Antorchas no fue sofocada.


