festival de cultura 2018

Por Raúl Escalona Abella, estudiante de segundo año de Periodismo.

Hubo calor, es cierto, hubo un calor casi insoportable, un sopor que por momentos retaba la existencia misma hasta que se comenzaba a disolver lentamente cuando nuestra imaginación zarpaba hacia el delicioso mundo de la cultura, el entretenimiento inteligente y el humor bien hilado.

El motivo: la búsqueda de una “Vergüenza” desaparecida. La trama: un dúo detectivesco de composición humorística, predecible en la mayoría de los casos, pero que nos llevaban a lugares de nuestra realidad cuya visita es casi obligatoria: un estadio de gatitos cariñosos (que no muerden, ni arañan, ni nada) y un director beisbolero con traumas kafkianos de metamorfosis (fue naranja, luego cocodrilo y ahora dice ser león); una vecina dispuesta, comprometida y abnegada pero oculta en el doble rasero de la vida que la necesidad le ha impuesto y, por último, una feria “cri, criminal” que se aleja de sus esencias y el rostro no se le ensombrece por ello.

 

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Susuna López Palma, de 4to de Ciencias de la Información en el papel de vecina "vigilante"

 

La gala de nuestra Facultad viajó en un mar de colores en un sobresaturado teatro “Aníbal Ponce”. El mambo llenó la sala de un rojo débil con un amarillo tropical que desafiaban las penumbras de la audiencia y movían algún que otro hombro en quienes permanecían en sus asientos. Luego, hubo verde y negro en aquellas evocaciones a la guerra, luego azul en la voz de Elena, y quizás blanco difuminado en el canto de un “Vive ya” que nos puso de pie, y nos hizo sentir la vibración del sentimiento en el pecho de manera especial.

 

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Danza extremos, interpretó la coreografía "Guerra"

 

El calor regresaba a ratos, y era insoportable, pero una vez más desaparecía, y otra vez se pintaban los rostros nuestros con la luz de la escena y un rojo sangre cortó el ambiente cuando llegó aquella bailarina española, que no taconeaba, pero provocaba, y encantaba su provocación desbordada de sensualidad.

Fue ensordecedor, fue seriamente ensordecedor los aplausos y la algarabía que nacía en el público cuando culminó la coreografía central del espectáculo. Cinco canciones, igual cantidad de danzas, una historia narrada y el profesor Willy Alvarez que aparece en la escena y sorprende de manera extraordinaria a todos: sencillamente genial.

 

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Uno de los momentos mas disfrutados, la interpretación de "Consecuencia" por por parte de Packcrew.

 

Una vez más, Fcom no decepciona, esta vez en búsqueda de la Vergüenza, que al final aparece sola, sí, se había ido para estar junto a la gente, allí, donde, según ella, debe permanecer cada virtud, no en marmóreas inscripciones o en moralinas vacías, sino en el hombre (y la mujer claro), en su vida diaria, acompañando cada paso dado.

Cuba estuvo todo el tiempo, pero al final llegó como música vital, canción del alma y poema de la existencia donde confluyen la belleza de la idea, lo absurdo de la práctica y lo real-maravilloso de una vida que nos reta a recuperar, entre otras cosas, la vergüenza.

Fcom se alza con un espectáculo extraordinario, que tuvo errores, como todo, pero donde las noches en vela de sus organizadores se transformaron en risas de los estudiantes que allí estuvimos y las ojeras, el correcorre de meses anteriores y todos los agravios para llegar a él vieron fruto y casi desaparecieron. Ayer en la tarde nos creció un árbol de orgullo en el pecho al poder decir que compartimos facultad con verdaderos creadores. Bátanse las palmas para todos los que con especial amor y absoluta entrega concibieron esta formidable fiesta.

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