Dossier Especial: Fidel entre nosotros. Primer aniversario de su desaparición física
"Árbol de pueblo con profundas raíces", por Raúl Escalona Abella, estudiante de segundo año de periodismo.
Frías palabras del Norte auguraban el fin de la resistencia, de la caída de la utopía, del abandono de esa lucha por el sueño que nos trasciende y viaja por nuestras entrañas desde hace más de doscientos años. Porque aquellos que no conocen de las raíces de la esperanza cubana, piensan que se limita a la idea de un solo hombre, a la acción aislada de un individuo, pero no saben, o no quieren saber, la verdadera naturaleza de Fidel, esa que lo conecta al impresionante flujo histórico que lo antecedió, la que niega todos los mitos patriarcales y hacen de él árbol de pueblo y maestro de nuestras libertades.
Un año es poco tiempo, muy poco para decir si estamos más cerca o lejos del hombre de la barba perenne; pero a lo que sí estamos ligados es a sus sueños de liberación y prosperidad para nuestra nación, a su palabra, a la obra pendiente, a lo que dijo para guiarnos y llevamos en el cubano corazón. Porque si algo tenía claro este cubano de inmensa humanidad es que la obra de los hombres como él trasciende la vida, viaja más allá del tiempo y se siembra - si es bondadosa - en el corazón de los pueblos justos para crecer y fructificar con cada segundo. La tarea de Fidel fue sembrar en nuestras generaciones el sentimiento y la confianza de fundar una Cuba que nos pertenezca, sin cabezas inclinadas ante nadie, sin reverencias más que al pueblo y a los héroes que dimanan de su fértil seno.
Pero la Revolución que desde los tiempos del padre Varela comenzó a elevarse, trasciende al Comandante, se alza por encima de él y vuela en libertad, con todos y para el bien de todos, llevando en un ala la pluma áurea y el verbo fundador del Apóstol y en la otra, la voluntad y la fuerza inagotable del gigante rebelde.
No está Fidel en estatuas ni en mausoleos, sus restos se hallan en la piedra austera, en la rosa blanca y en el saludo de quienes hincan la rodilla del alma al ir a rendir tributo ante el nombre broncíneo que guarda Santa Ifigenia. Pero su imagen se proyectará hacia el futuro de una manera más sencilla y profunda, estará en las tareas pendientes que nos deja, esas que a pesar de la incesante labor, le fueron imposibles de hacer por el corto tiempo que disponemos en la existencia.
A propósito le proponemos este Dossier
