inauguracion caribe 2018

Por: Mario Ernesto Almeida

El pasado martes, el estadio universitario Juan Abrantes esperó la noche para inaugurar los LI Juegos Caribe de nuestra Alma Mater.

Detalles interesantes... unos cuantos: el campo de fútbol repleto de gente orientada, asimismo, en la dirección predefinida por las pantallas, bafles y animadores de SARAO; recipientes plásticos de presumible contenido, ambulancias en una esquina -por si acaso...-, y hasta un aparatico volador que muchas veces llamó más mi atención que la propia algarabía del show.

Interesante también el desfile, donde cada facultad, en el orden del 15 al 1, de acuerdo con la tabla de los pasados Caribe, paseó con lo que se supone sea la crema y nata de sus atletas.

Fcom no dejó de ser llamativo. En consecuencia con su octavo puesto, a nuestra facultad le correspondió un punto de equilibrio en la deportiva marcha: el del medio. Un punto que te protege del escuadrón de los peores, pero que definitivamente no nos permitió entrar a la mitad que mejor lo hizo. El medio y no más.

 Pero el problema, al menos en aquella noche, no fue otro que la forma en que defendimos nuestra presencia. Fue triste ver cómo mientras tras -con- Turismo, Derecho, Biología y unos cuantos más, iba toda una Facultad respectivamente, mientras que, para contar a quienes nos desgarramos la voz por la bandera azul celeste y  el barco Vikingo, no fueron necesarias muchas manos.

Cuando hablamos de Caribe, quizá ese defile sea algo meramente simbólico pero, en quien escribe, surge la preocupación de que ese símbolo se corresponda con la posterior y sí decisiva participación  en los deportes.

De ellos, varios ya se han celebrado: el judo, el taewando, el Bádmintong, y a veces la mala gestión de responsables de la Feu, otras la falta de identificación con la Facultad, han traído -salvando el dulce sabor de algunas medallas- resultados que si bien no llamaríamos funestos, se han quedado muy por debajo de las posibilidades reales.

Y, si de condiciones hablamos, no está de más decir que tenemos estudiantes poseedores de las técnicas del combate, quienes no siempre están dispuestos a asumir; mientras tanto, los golpes de la ingenuidad los reciben los que se fajan -porque hay que fajarse- y no saben.

En un final, de los Caribe todos hablan. Habría entonces que hacer un balance estadístico donde se evidencie la disparidad entre los unos que siempre critican, y los otros que, además de criticar, también tienen el gusto, la voluntad, el empeño, la necesidad... de hacer.

No obstante, estos juegos solo comienzan. Por eso se vale amparar, dentro de uno, el optimismo salvador de quienes no requieren más motivo para jugar que el juego mismo, con o sin pullover de por medio.