Por Dailene Dovale de la Cruz
La Habana es una bella hija del mestizaje. Sus colores por tanto son más variopintos que los del arcoíris: toma del negro, blanco, el amarillo, el rosado… de todas las tonalidades para teñir su rostro.
Ella es como tú y como yo, despierta con migrañas, le cuesta sudor el viaje al trabajo, sufre, llora pero también ríe, baila en parques y calles, sueña. Y no es una única Habana. Es una y a la vez muchas: rica y pobre, callada y gritona, cordial y agresiva, feliz e infeliz.
¿Cómo entonces trasladar todas esas Habanas a una pequeña historia en duración pero grande en sustancia? ¿Cómo retratarla? ¿Cómo capturarla en un minuto? ¿Cómo atrapar su esencia en texto, audio, fotografía o video?

Ese es a mi juicio el mayor aporte del festival 60 Segundos. Incentivó una mirada desprejuiciada y creativa al espacio donde los feconianos aman y viven pero rara vez piensan. Con participantes de todo el país, el evento demostró que la Habana en efecto está en todas partes y cualquier cubano es capaz de construirla o de soñarla.
Otro aspecto admirable es cómo el evento trascendió sus fronteras audiovisuales para alcanzar también la fotografía y el microrrelato. Demuestra que la facultad anda al ritmo de las experiencias de multimedios y las narrativas transmedias.

Quizás las nuevas oportunidades descolocaron a algunos, pero resulta válido en un contexto donde las audiencias son fragmentadas y para alcanzarlas es preciso emplear todos los soportes posibles.
Sin embargo, no toda la fama es positiva. Sentí el evento muy tarde. Quizás en Fcom se camina muy apurado… sin notar nada. Más allá del estratégico cartel o alguna conversación del pasillo, no escuché todas las voces que el festival merecía.
La coincidencia con las clases también influye. Quizás para próximas ocasiones se pueda ajustar el programa a menor cantidad de días pero más intensos para justificar mejor las ausencias y propiciar la participación de mayor cantidad de estudiantes de toda Cuba.

Aparte de esas pequeñas sugerencias, me pareció un gran espacio para el diálogo. Y no cualquier conversación. Eusebio Leal y Gerardo Chijona prestigiaron con su experiencia una impresión detallada y hermosa de esta gran ciudad.

Propició además peñas de música, la presentación de Somos Jóvenes, recorridos por el centro histórico… ¡Y estimuló la creatividad! Y con ese simple detalle ya es más que suficiente.
La Habana en medio de su locura diaria debe andar feliz. Un grupo de muchachos (y muchachas también) decidió entregarle parte de su corazón, intelecto y pasión. Hasta imagino su sonrisa multicolor. Ese es el efecto de 60 segundos de fama.
