Claustro FCOM de recorrido por Las Terrazas

Aquí están. Algunos dicen que FCOM es su casa, su mejor historia de amor, su camino de inicio, aunque también puede ser el final; su única y mejor experiencia. Otros no cuentan mucho. Transmiten entre gestos y sonrisas las bondades y secretos de este joven edificio. Nos relatan, incluso, las historias más alentadoras del anterior hogar, la antigua construcción de la calle G.

Están en todas partes. Hay quienes trascienden como leyendas. Otros dejan, en tan solo un semestre, un sabor igual al de esas aventuras fugaces que aportan grandes lecciones; el resto, casi siempre elige hacer de las conferencias talleres de complicidad, esperanzadores pactos.

Luego de estos cinco efímeros años no importa si algunos serán recordados como los más temidos y exigentes, los más sutiles y mejores oradores, o como los aprendices que se enfrentaron a un aula por primera vez. Todos, desde los saberes más sencillos hasta aquellos que observamos con celo en alguna ocasión, nos enseñaron a defender y amar lo que hacemos.

Da igual ponderar un nombre, una disciplina o asignatura. FCOM se viste de fiesta este 22 de diciembre. Agradece el espíritu alentador y esos inmensos saberes de aquellos que contribuyen con nuestra formación profesional. FCOM, justamente hoy, se envuelve de gratitud para retribuir entre alegrías y felicitaciones a los que son, sin dudas, uno de los mayores tesoros de esta Facultad: nuestros profesores.

Por Liannet Gómez Abraham, estudiante de segundo año de Periodismo