marcha

Por Cristian Martínez González, estudiante de Periodismo.

Hace más de medio siglo, un grupo de jóvenes descendió los 88 escalones de la Universidad de La Habana, para iluminar al Apóstol en el año de su centenario. Seis meses después, asaltó el cielo y cinco años, cinco meses y cinco días más tarde, regaló a Cuba un nuevo sol, el sol de Fidel Castro.

A 67 años de aquel 27 de enero, los nuevos Mella, Villena y Fidel, los millennials, los “amantes” de las redes sociales, los futuros profesionales de nuestra tan amada y controversial Cuba, llevarán, antorcha en mano, la luz de las ideas del Maestro.

Ya Fidel lo decía: “Ellos hubieran sido como nosotros, nosotros hubiéramos sido como ellos”. Estos siguen siendo los tiempos de recurrir al hombre de La Edad de Oro, ese amigo que, desde niños, nos atrapa con su verso y prosa encumbrados.

cartel revista Alma Mater

Sí, estamos obligados a marchar por Martí; pero más que un simple acto simbólico anhelamos ser jóvenes con la doctrina del Maestro, cimentada en nuestras raíces. No basta usar su nombre para frases de ocasión. Los tiempos actuales así nos lo han requerido. 

Justo hace unos días, tanta volvió a ser la afrenta al Apóstol, que muchos cubanos se mostraron indignados ante los bustos de Martí ultrajados, por vándalos inescrupulosos, promotores del supuesto “caos social” en Cuba.

Que los bustos de Martí no tengan que amanecer cubiertos en sangre para acordarnos de ellos. Estar siempre limpios, rodeados de flores, no puede ser solo una preocupación para el 28 de enero o 19 de mayo. Seamos recíprocos a ese inmenso amor del Apóstol por todos los cubanos.

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El futuro de nuestra patria seguirá siendo ese “eterno Baraguá”, avizorado por Fidel, en ocasión del aniversario 137 del natalicio del Apóstol. No claudicaremos jamás ante los pies del imperio. Este 27 de enero, nuestras antorchas serán nuevamente bandera, faro, guía de todos los pueblos, de los jóvenes de mundo… 

Marcharemos una vez más, seguros, con paso firme, con la simbólica antorcha, erguida, con vida, obligados por la historia a recorrer la calle San Lázaro hasta la Fragua Martiana, conscientes de que el Apóstol vive hoy como nunca antes. Depende de nosotros no dejarlo morir.

Tomado del sitio web Tribuna de la Habana