""

Hace 25 años la comunidad de Los Sitios decidió retornar a la era de los cabildos. Entre la marginalidad y la pobreza que asolaba la barriada centrohabanera, resurgieron ancestrales agrupaciones africanas para rescatar los valores de una localidad que se aferró a sus raíces en aras de perfeccionar el bienestar social. Nacido de una iniciativa local, Quisicuaba representa una institución de referencia nacional. Sin embargo, su impacto social no se puede ver solo desde la mirada del progreso comunitario, sino desde el quehacer de sus hacedores.
Más de 70 personas conforman el equipo de trabajadores voluntarios que ocupan las aulas, cocinas y sedes del proyecto. Ellos apostaron por ser partícipes del crecimiento de su localidad y vivir, desde el otro lado, la experiencia de brindar apoyo a quienes hoy precisan de la misma guía que tiempo atrás los motivó a echar a andar ese holístico entramado comunitario llamado Quisicuaba.


VUELTA A LOS ORÍGENES

Amanece y el ajetreo en las cocinas anuncia el comienzo de los preparativos de una nueva jornada. Isabel Antomachí conoce como nadie los horarios, las rutinas, y menús que cada día
se encarga de servir en la mesa de más 500 comensales. Pero a diferencia de restaurantes y demás centros gastronómicos, su público es siempre el mismo, fiel y puntual.
Recuerda los años 80 cuando deambulaba por las calles de la entonces desconocida para ella ciudad de La Habana. Descalza, sin trabajo y sin hogar llegó a las puertas de la sede de la Asociación Quisicuaba, donde fue acogida y empleada como cocinera principal. «Antes de conocer a Enrique, presidente de la asociación, no era nada. Aquí me dieron ropa, casa y trabajo».
Por esa misma época, la Asociación Quisicuaba, fundada en 1939 y concebida como institución religiosa, comenzó a ofrecer apoyo a los vecinos de la comunidad.  El trabajo ejercido por los fundadores se había convertido en un proyecto comunitario,pues más allá de afiliaciones religiosas,aunaba a miembros de la comunidad a partir de dinámicas de corte educativo y cultural con el propósito de elevar la calidad de vida de sus ciudadanos, rememoró Gisela Braña, directora de Relaciones Interinstitucionales de la asociación. De esta forma, nació en 1992 el Proyecto Sociocultural Cabildo Quisicuaba, como heredero de la asociación homónima, aunque independiente de la plataforma religiosa y enfocado  al beneficio de la comunidad Los Sitios. «Nunca se pensó que tuviera tanto impacto, ni que adquiera las dimensiones actuales.

Se empezó por talleres de regeneración a personas adictas al alcoholismo, como una forma de soporte alimenticio a la comunidad; y hoy es un gran programa de reinserción social, que abarca 23 proyectos comunitarios y 25 sedes a lo largo del país», señala Enrique Alemán, presidente del proyecto Sociocultural. A partir de la labor de Quisicuaba, disminuyeron los índices de desempleo y de prostitución, aumentó la vinculación de los jóvenes de la localidad al estudio y al trabajo, incluso, se promovió una nueva imagen de la comunidad, con la transformación de lugares marginales en parques, espacios culturales y aulas para impartir talleres, agrega Braña.
Isabel se convirtió entonces no solo en beneficiaria de un proyecto que daba sus primeros pasos, sino que sería impulsora de su propio desarrollo. Bien conoce las historias de personas desamparadas, de bajos ingresos, incluso enfermos, en las que quizá se ve reflejada y pretende retribuirles con su experiencia. Sin embargo, en los inicios el proyecto atravesó por varios obstáculos, precísamente por las problemáticas sociales y necesidades específicas de la población de Centro Habana. «Los profesionales mediaban entre conflictos, to
cando puertas de las familias para incentivar los valores humanos, cambiar actitudes de niños y adolescentes propensos a la delincuencia, orientar a las víctimas de violencia doméstica, o de padecimientos de salud graves», expresa Braña.
Aparecieron los más de 20 talleres destinados a diversos grupos etarios que hoy funcionan como parte de las estrategias del proyecto y que cuentan con el asesoramiento de un Grupo Gestor de 36 especialistas: psicológicos, psiquiatras, sociólogos e incluso asesores legales y la colaboración de los ministerios del Interior, de Educación, de Salud Pública, y de Cultura. Explica Alemán que frente a tales propuestas surgen trabas sociales hacia personas que necesitan ayuda, por lo que es preciso la modificación de concepciones y estereotipos populares en torno a temas, situaciones y personas.  Con el apoyo del gobierno provincial y las filiales de la asociación.

Involucrado en las actividades de los jóvenes, Luis Enrique ha sido partícipe de la evolución de quienes encontraron en esos espacios su rehabilitación, orientación profesional, e incluso una nueva familia. El proyecto amplió sus líneas de trabajo en tanto incorporó el interés por el arte como instrumento para fomentar esa transformación, al tiempo que se propuso rescatar simultáneamente las tradiciones culturales de la localidad.

Lee el texto íntegro en Barriocuba (https://goo.gl/JvBJmC)

Por: Mabel Torres, Gabriela Sánchez, Dung Tran, Yasmani Pérez y Eduardo Grenier