Virtualidad

Por: Arianna Ramos Martín, estudiante de Periodismo

Yo soy yo y mis circunstancias, de acuerdo al filósofo español José Ortega y Gasset y parafraseándolo, si logramos salvarlas a ellas, nos salvamos nosotros también. Estamos inevitablemente unidos a nuestro entorno, los fenómenos que en él ocurren repercuten en nuestras vidas y las alternativas que contemplemos y por las que optemos nos definen. La posibilidad de elegir una realidad es un privilegio que no tuvieron quienes padecieron los horrores de pandemias anteriores como las ocasionadas por la viruela, el sarampión o la gripe española. 
La era digital nos ha ofrecido la opción de trascender lo corpóreo y burlar el plano físico. El aislamiento obligó a redescubrir modos de sentir y actuar y las redes fueron el escenario idóneo en el que desarrollarnos en estos meses de auto encierro. 
El mundo virtual no nos era ajeno, antes de la llegada del virus ya el uso de estas plataformas era común entre individuos de diversas culturas y grupos etarios, jugaban un papel imprescindible en la comunicación, información y entretenimiento, pero actualmente resulta difícil, por no decir imposible, imaginarse qué hubiese ocurrido con nuestra salud mental, relaciones sociales y desarrollo profesional de no tener acceso a las nuevas tecnologías.

Clases virtuales
La interacción humana como la conocíamos se tornó un peligro y fue entonces cuando nos apoyamos en el universo virtual que nos ofrecía una realidad muy parecida a la nuestra, con las mismas preocupaciones y polémicas, pero donde las reglas eran otras. Podíamos conversar, opinar o compartir con familiares y amigos sin exponernos al contagio, trabajar o estudiar desde la comodidad de nuestras casas, incluso organizar eventos que aglutinaban a un gran número de personas, reinventarlos, descubriendo nuevas formas de despertar el interés público. 

Virtualidad dos
Cuba, no ha quedado exenta de estas transformaciones, durante las últimas semanas han protagonizado las redes interesantes debates sobre tema diversos y dado visibilidad a problemáticas como la violencia física, emocional o material, el acoso y el silencio, ha crecido el dialogo reflexivo (en algunos casos) sobre temas de actualidad económica o política y hemos apreciado también la otra cara de la moneda, el lado más oscuro y perjudicial de las nuevas tecnologías.
La defensa de la cultura a cualquier precio ha sido otro de los pilares regentes. No cesaron los conciertos y festivales, la presencia de intelectuales y artistas creció en los medios y plataformas. La extrapolación de relevantes eventos a las redes incluyó desde cumbres internacionales, discursos y reuniones de líderes mundiales hasta la culminación de los estudios superiores. 

Ocurren hoy cambios de paradigmas en el mundo entero, transformaciones en el modo de convivir que llegaron para quedarse y transformar las costumbres. El sentido del tacto ha quedado algo renegado por el miedo justificado, tanto la intimidad como la individualidad adquieren nuevas y complejas dimensiones y la socialización se caracteriza por un carácter selectivo.  Es por ello que el uso que demos hoy al recurso virtual se insertará en la conciencia social y acompañará para siempre a las generaciones post-COVID.
La Organización Mundial de la Salud ha prestado especial atención al cuidado de la salud mental durante el aislamiento y por ello recomienda mantener el contacto social, aun cuando los movimientos sean restringidos, apoyándonos en Internet. Nos insta, además, a emplear de manera responsable las redes sociales, aprovechar nuestras cuentas, nuestra identidad virtual para promover mensajes positivos y corregir informaciones erróneas que invitan al pánico y la desesperación. 
La pandemia, las nuevas tecnologías, la voluntad de vivir ha hecho posible lo que antes parecía insólito y nos ha permitido mantenernos estables e incluso felices en estos tiempos. El planeta está lleno de padres que han conocido a sus hijos por videollamadas, de amores que han logrado mantenerse y crecerse a golpe de WhatsApp y amistades que han estado más presentes que nunca, aun a kilómetros de distancia. Quién dice que aquello que contiene todo el calor y el amor no clasifica como un abrazo, aunque no estemos frente a frente, aunque no alcancemos a percibir el aroma del otro. Una caricia, un beso, un aliento que debe codificarse y decodificarse a través de nuestros dispositivos electrónicos, pero absolutamente igual de necesarios, inmediatos y oportunos.

Virtualidad