Pruebas de aptitud de Periodismo

Por: Rosmery Bejerano González, estudiante de 1er año de Periodismo

Fotos: Lázaro Darias Becerra,  estudiante de 2do año de Periodismo

Este 26 de noviembre, la calle Ermita en Plaza se vistió de gala para recibir y hospedar, durante extensas horas de una jornada decisiva, a los aspirantes al mejor oficio del mundo. Detrás de la tela que oculta parcialmente sus rostros y los protege del virus, se alcanza a divisar, en algunos, angustia, desesperación, miedo, nervios y, en otros, seguridad, pasión o deseos arrolladores de demostrar su valía para el periodismo.

Desde una o dos horas antes del momento justo pactado para el inicio de los exámenes, los protagonistas arriban de azul, de verde, con distintivos rojos, con ropa de civil. Vienen de los preuniversitarios urbanos, de la Lenin, del pre MININT, de otras facultades o universidades e, incluso, de provincias cercanas. Llegan con resúmenes, con el Granma o el Juventud Rebelde bajo el hombro, con Cubadebate en sus teléfonos móviles, con el Noticiero en su memoria y el futuro en sus manos.

Algunos jóvenes asisten "a probar suerte"; otros se han preparado durante años, meses o semanas para este momento pues sueñan con estudiar en la Facultad de Comunicación y convertirse en lo que para muchos de ellos supone ser periodista: "fieles defensores de la verdad".

Inicio de las pruebas de aptitud de Periodismo

En espera de que alguna voz les dé la bienvenida y marque el comienzo de las pruebas de aptitud de periodismo, los aspirantes releen una y otra vez sus hojas o conversan inquietos con sus familiares o compañeros. Entonces, el profe Masjuán se sitúa en la entrada de la facultad y, luego de explicarles los detalles del proceso, los invita a pasar para iniciar el cuestionario de cultura general. Los jóvenes se despiden de sus padres, hermanos, primos, tíos o abuelos y emprenden la marcha.

Ubicados en las aulas reciben un papel rectangular con el cuño de la Universidad de La Habana, un espacio para firmar y un número. Este signo matemático de uno, dos o tres dígitos resume su existencia en esos momentos. Por una jornada –quizás por más– olvidan sus nombres y depositan su futuro profesional en esos números que nacen para afianzar la imparcialidad en el proceso de selección.

Y cuando tienen enfrente el examen en el que sobresalen las líneas en blanco para completar, las columnas para enlazar y los elementos para negar o afirmar, los nervios hacen de la suya. El recuerdo de los contenidos repasados o de aquel noticiero en el que se habló del tema de la pregunta asaltan a destiempo. Vienen las dudas que se esclarecen un poco en la décima lectura o los incisos que, por mucho que "le metan el coco", no logran descifrar. El pensamiento está adentro y afuera. Por un lado, se halla el deseo de cumplir sus sueños y, por otro, la necesidad de no fallarles a sus acompañantes.

Fase 2 de las pruebas de aptitud de Periodismo

Cuando al fin deciden entregar el cuestionario, comienza uno de los momentos más complejos de la jornada: la espera. Unos intercambian respuestas con los compañeros o acuden a internet en busca de la solución; otros prefieren no saber en qué fallaron. Muchos sonríen con la seguridad de que su número está en la lista de los aprobados o sollozan con la convicción de que su sueño no será posible, al menos por este año.

La tensión es perceptible cuando Masjuán toma nuevamente el micrófono en mano para anunciar los resultados de la primera fase. Retumban, entre la multitud, los gritos de emoción de los aprobados y son visibles las lágrimas de los que ya no tienen la oportunidad. Los aspirantes no cuentan con mucho tiempo para festejar la victoria en esta batalla, pues deben aventurarse a la próxima fase del examen en la que luchan con complejos sinónimos o contundentes enunciados para interpretar.

Fase 3 pruebas de aptitud de Periodismo

Y así, hasta la tercera fase en la que una entrevista pone a prueba su capacidad para comunicar. Algunos libran las tres batallas, pero no todos ganan la guerra. Cerca del atardecer se marchan con la esperanza depositada en su desempeño del día y en una llamada o informe que les augure buenas noticias.