escultura del Alma Mater

Por Cristian Martínez González, estudiante de primer año de Periodismo

La Habana es una ciudad de símbolos. Ya ha perdido su condición de urbe capitalina para convertirse en la benjamina de los cubanos. A pesar de ser la más joven de siete hermanas, cumple este año cinco siglos de fundada. Acompañada por su veladora La Giraldilla, nadie la imagina sin la Plaza, el Capitolio o el Morro, tampoco, sin su Universidad.

Esta verdadera fragua de espíritus, ubicada en la barriada capitalina del Vedado, está considerada dentro de las 20 mejores universidades de Latinoamérica. La merecida posición la sitúa dentro de las 500 más destacadas de todo el mundo. 

No imaginaron los frailes dominicos, en fecha tan temprana como 1728, que se convertiría en faro y guía, en madre nutricia de miles de jóvenes estudiantes, quienes luego, egresan con un cúmulo de saberes y valores a enfrentar las vicisitudes deparadas por la vida laboral.

Durante el gobierno de Gerardo Machado se construyó la escalinata de la Universidad de La Habana, testigo de disímiles acontecimientos de nuestra historia. Ascender sus 88 escalones al iniciar el curso escolar, es una quimera de los universitarios. En la cúspide, esbelta, de piel broncínea y sobre un pedestal, con sus brazos abiertos, el ícono más representativo de la Universidad de La Habana: la Alma Mater, recibe cada septiembre a miles de estudiantes cubanos y extranjeros.

Hace 100 años, según cuenta Ciro Bianchi, el escultor checo Mario Korbel, comenzó a cincelar una bella y espiritual escultura, de amplia túnica que descansa sobre un pedestal de piedra, escoltada por seis mujeres al estilo griego, como símbolo de sendas disciplinas académicas.

Otro sueño de los universitarios es detener el tiempo en una instantánea ante la cubana Feliciana Villalón y Wilson, joven que sirvió de modelo a Korbel y, según dicen, nunca antes ni después se prestó a otro artista para esos menesteres.

Colocada frente a la entrada del edificio del rectorado, sobre un zócalo, atrae no solo a estudiantes, sino también a extranjeros, personalidades de la cultura, turistas y amantes de la sabiduría, que se acercan a ella para beber de la sabia de la madre nutricia de todos los cubanos.