Habana

Por: Kevin Soto Perdomo, estudiante de primer año de Periodismo.

Fotografía: Naturaleza Secreta

Hace unos días veía por el noticiero las imágenes de los rostros felices de los niños y jóvenes al entrar en sus centros de estudio. Mientras las palabras del periodista, los maestros y los estudiantes me sonaban a un regaño solapado, apoyado en los resultados de la disciplina y el orden de las demás provincias ante el enfrentamiento a la COVID-19. 
Otro día, vi, nuevamente por el noticiero, a José Ramón Saborido Loidi, Ministro de Educación Superior, quien hablaba sobre el cumplimiento del plan curricular preparado para la culminación de los años inconclusos y el inicio de los consiguientes, sin afectar las correspondientes vacaciones estivales, hecho que será posible en las demás provincias. En cambio, en La Habana se atrasarán cada vez más todos los planes y fechas establecidas mientras no logremos controlar la situación.
A pesar de mi actitud disciplinada durante este período, me sentí avergonzado por la irresponsabilidad de los demás, y preocupado por cuánto tiempo más se dilatará todo este asunto. Me pregunté cuándo lograremos tomar conciencia y dejar de cometer irresponsabilidades, cuánto más nos afectará este atraso, entre otras preguntas concernientes a mi condición de habanero y estudiante. Entonces, busqué consuelo depositando mi fe en las recientes medidas tomadas en mi provincia. 
Hoy me levanté a la una de la tarde debido a la algarabía de unos hombres (por lo menos llevaban nasobucos) reunidos en los bajos del edificio donde vivo. Luego le pregunté a mi padre cuántos casos hubo, prefiero recibir la información de su boca antes que sentir pena con el Dr. Durán. Me dijo “treinta y dos, la mayoría de aquí”. Arqueé las cejas, negué con la cabeza y tomé mi desayuno tardío mientras intentaba ver el noticiero.

...

Imágenes de una Habana en aislamiento, después de las siete de la noche. ¿Será suficiente?

Habana

Gato en la noche

Habana en aislamiento

Morro

Capitolio